5º Aniversario Fundació Suñol

Arte
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Este año hace un lustro de la inauguración de la Fundació Suñol, un selecto espacio de arte contemporáneo que muestra y demuestra el buen gusto de su instigador, el coleccionista y empresario Josep Suñol. Y para celebrarlo, saca la artillería pesada: 70 artistas sin los cuales no se podría escribir la historia del arte de los últimos 50 años.
Son todos los que están, pero no están todos los que son. O, para entendernos, no hay canon que valga, pero hace falta un discurso mínimamente coherente, flexible y adaptable a múltiples circunstancias. En este caso concreto, las circunstancias traen nombres como por ejemplo Rostros, Escrituras, Ensueños, Cuerpos, Abstracciones y geometrías, Paisajes, Expresionismos y resistencias. Y sí, se abordan temas como el retrato o la identidad, el papel de la letra en la pintura, así como la liberación de aquello real o la invención personalizada del paisaje, o la lucha contra el poder establecido.
Pero, claro, todo es más creíble en obra de Picasso, Warhol, Dalí, Miró, Man Ray, Zush, Plensa, Gordillo, Alighiero Boetti o Antoni Tàpies. Porque, ¿cuál es el objetivo del espectador –más allá de su grado de formación– cuando visita esta exposición-aniversario? ¿Le ayuda la particular ordenación del discurso? Perdonad la intromisión, pero a mí me parece que, más allá del discurso que justifica cada sección, el orden escogido es una excusa, tan válida como cualquier otra, para dejarse seducir por un pequeño Miró de increíble sensibilidad, descubrir una escultura de Luis Lugán de 1976 que muestra dos sillas conectadas a la red eléctrica, revivir las ironías del Equipo Crónica, dejarse electrizar por Zush, esbozar una sonrisa cómplice con Warhol y su Mao, preguntarnos por la extraña fijación de Suñol con Robert Llimós, comprender la fértil sensibilidad posmoderna de Guillermo Pérez Villalta, y el sentido lúdicoconceptual de Antoni Miralda.
Y, más allá de ordenaciones, hay que constatar que hay una serie de olas invisibles que trascienden la creatividad humana y hacen sonar bajos continuos donde menos nos lo esperamos. La sangre de los crímenes dalinianos en Estudios para el guion del film Los misterios surrealistas de Nueva York (1935) rebotan en la matérica Pintura núm. 5 (1959) de Manuel Millares, se pasea intelectualizada por el retrato fotográfico de Duchamp al cuidado de Xavier Miserachs, y acaba esparcida, si bien invisible, encima de la física Butaca (1987) de Tàpies. ¿Recordáis el juego de los seis grados de separación? Pues en arte, como bien demuestra esta selección de la colección Suñol, con tres, máximo cuatro grados, hay bastante. Desconfiad de los comisarios...

Por Ricard Mas

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