Chema Madoz. Ars Combinatoria

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Chema Madoz (Madrid, 1958) es conocido -y reconocido- por su particular universo poético, confeccionado a base de fotografías en un pulcro blanco y negro donde sencillos objetos establecen diálogos o mutaciones inquietantes. El resultado, digámoslo así, no asusta como el feliz encuentro de una ducha, un cuchillo y una rubia en 'Psicosis'. Más bien recuerda a uno de los múltiples equívocos provocados por Lubitsch, con una peluca y una navaja de afeitar en 'Ser o no ser'. Evidentemente, Madoz creció con la Movida madrileña, un momento de eclosión creativa que coincidió con la posmodernidad, o sea, un revisionismo lúdico, muy en el estilo Lubitsch, de las grandes vanguardias históricas. Y eso se nota. Madoz hubiera querido ser un fotógrafo checo de la nueva objetividad, ligeramente empapado de surrealismo.

Es curioso el contraste entre este madrileño medido y los espacios construidos por el catalán gamberro que encarnó Gaudí. Paredes y techos locos para un amante de lo maravilloso pero en miniatura. Supongo que el ser humano es bastante decepcionante para ser expulsado, casi de raíz, del paraíso Madoz. Un mundo construido en un taller sin ordenadores donde el único humano admitido, a parte del fotógrafo, sería Buster Keaton. Según el credo tipológico de Madoz, hay tres tipos de objetos en su obra: los que son retratados tal cual, en conjunción con otros objetos -como la escalera apoyada en el espejo-, los que han sido manipulados –una taza con desagüe, un guante monedero y un cuello de camisa con partitura-, y los construidos de nuevo por el autor –un podio de hielo o un collar de perlas con nudo de horca-.

Madoz es un tipo literario, curiosamente con gustos catalanes. El ‘Ars combinatoria’ del título es un referente al tratado de Ramon Llull. Además, se expone un libro realizado conjuntamente con Brossa - 'Fotopoemario', aunque editado póstumamente -a partir de un intercambio de imágenes y poemas. Y una edición del sublime poemario de Espriu Per al llibre de salms d’aquests vells cecs, 40 haikus ilustrados por Madoz. Por cierto, estamos ante la primera exposición celebrada en la Pedrera como parte de la Fundación Cataluña-La Pedrera, desvinculada de CatalunyaCaixa. El único pero que puedo destacar de la obra de Madoz, no sólo en esta exposición, es -y perdónenme- su carácter amable.

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