Cerámicas de Picasso. Un regalo de Jacqueline a Barcelona

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Cerámicas de Picasso. Un regalo de Jacqueline a Barcelona
Sol i brau

La cerámica ya no despierta mucho interés. Nació con los excedentes agrícolas neolíticos para quedar relegada, en el siglo XX, al más puro decorativismo. Tierra, agua y fuego, contenedor matérico y simbólico, hoy llena museos con más polvo que visitantes. Es por ello que recomiendo visitar la pequeña muestra organizada en el Picasso en conmemoración del 30 aniversario de la donación a la ciudad de 41 cerámicas por parte de Jacqueline Picasso. Porque encarna una historia de amor increíble, casi mitológica. Picasso es el último Júpiter del arte tradicional, aunque la mayoría lo tenga por fundador del arte contemporáneo. Podríamos calificarlo de artista dórico, de la época anterior al logos cuando lapita y centauros iban a palos y los mitos eran mitos y no razones psicoanalíticas de vete a saber qué.
En 1947, después de dos guerras mundiales, a los 66 años, Picasso pasa largas temporadas en el taller de cerámica Madoura, en Vallauris, el sur de Francia. Allí se aficiona a la cerámica como retorno a la sencillez eterna, práctica matérica y táctil, experimentación con una base de tradición eterna, y aún soporte pictórico irregular con posibilidades ya apuntadas en la praxis cubista.
Picasso conocerá la joven Jacqueline-tenía entonces 25 primaveras...y una nariz dórica-en la tienda del taller de Vallauris, y se casará pocos años después. Picasso ya no abandonará el sur de Francia: Cannes, Mougins...siempre cerca de Jacqueline y del taller de Vallauris. Y en 1982, con motivo de una exposición de cerámicas de Picasso en su museo barcelonés-que conmemoraba con un año de retraso el centenario del nacimiento del pintor-, Jacqueline materializará la donación que hoy disfrutamos. Por el camino, el museo ha crecido hasta ocupar media calle Montcada, la industria cultural se ha vuelto más industria que nunca, y formamos parte-por el momento-de la Unión Europea...
Imaginaos, si la exposición se pospuso de 1981 a 1982, es en parte porque el presupuesto se había disparado de dos a tres millones y medio de pesetas -21.500 euros-, y tras ser prorrogada dos meses, en pleno Mundial de fútbol, ​​logró la escandalosa cifra de 21.638 visitantes, tantos como deben ocupar en temporada baja hoy el mismo Museo... Sólo como conmemoración de lo que hemos recorrido desde 1982, ya merece la pena visitar la muestra. Además, encontraremos pruebas del afecto de Picasso por Jacqueline, temas arquetípicos, y pinceladas geniales, en toros, soles, peces, que nos recuerdan lo cerca que tenemos el mar...

Por Ricard Mas

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