Depero i la reconstrucció futurista de l'univers

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Depero i la reconstrucció futurista de l'univers

Las vanguardias también se divertían. No todo era exploración, experimentación, ascesis plástica o embrollos incomprensibles. No señor. Hubo artistas, como Fortunato Depero, que llevaban la imaginación al poder y, una vez allí, en vez de adorarla, jugaron con ella hasta excitar los sentidos como si fueran hasta las cejas de cafeína, cocaína y todo lo que acabara en -ína...

La mayor parte de las vanguardias artísticas del siglo XX tienen un origen literario. Este fue el caso del futurismo, una palabra pedida prestada al poeta Gabriel Alomar por Marinetti y proclamado a los cuatro vientos en febrero de 1909 en la portada del periódico ‘Le Figaro’. El futurismo de Marinetti fue el último movimiento romántico. Un romanticismo que no estaba para tonterías. Pretendía asesinar la luz de luna, quemar museos y desviar el curso de los ríos para inundar bibliotecas. El peso de la acerbidad cultural impedía avanzar a Italia. El motor niquelado de un automóvil era más bonito que la Victoria de Samotracia.

La pintura futurista se presenta en París en 1912. En 1913, un joven Depero conocía a sus héroes: Marinetti y los pintores Giaccomo Balla y Umberto Boccioni. En 1915, juntamente con Balla, publica el manifiesto ‘Ricostruzione futurista dell’universo’, donde propone destruir fronteras entre las diversas disciplinas artísticas y llevar el futurismo a todos los rincones de la vida. ¡Viva la imaginación al poder! Y de aquí viene esta exposición. La primera de Depero en suelo ibérico, pero también la primera sobre futurismo...

Y es que la obra de Depero cubre media exposición, la otra media está ocupada por numerosos manifiestas y fotografías, documentación, alguna escultura y numerosas pinturas de los maestros de este movimiento: Ardengo Soffici y Severini –los dos más ‘afrancesados’ del grupo–, Carlo Carra, Boccioni y Balla, a de más de proyectos arquitectónicos de Sant’Elia y Mario Chiattone, y alguna pieza menor de tercera hornada. Sorpresa magna que convierte esta exposición en imprescindible si no obligatoria

De Depero veremos sus quince mejores años: del 1915 al 1930, cuando vuelve de una estancia en Nueva York. Por el camino, numerosas pinturas coloristas, reconstructivas pero muy plásticas, tan atractivas para un adulto como para un niño; figuras para espectáculos teatrales, y una serie de trabajos publicitarios superlativos, como la propaganda del vino Campari. Depero supo convertir el agresivo futurismo en algo tan delicioso como una botella de aperitivo rojo.

Por Ricard Mas

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