Insomnia

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Insomnia

'Insomnia'. Nombre magnético. Si el desamor es mil veces más creativo que el amor, el insomnio debe iluminar, a la fuerza, más criaturas que una ristra de troncos. Esto es lo que debe pensar Neus Miró, comisaria de la muestra homónima en la fundación homónima que corona la montaña judaica de Barcino Nova. O al menos, que se trata de un título lo suficientemente bonito para una exposición bastante compleja para ser explicada a oscuras. La tesis: la exploración del medio cinematográfico, desde el ámbito exclusivo del arte, por parte de una serie de artistas internacionales, a partir de los años 60. ¿Y por qué no a partir de la invención del cine? se puede preguntar alguien. ¿Os imagináis aquel grupo de jóvenes creadores delante de un invento con tantas posibilidades? Expresionistas, dadaístas, surrealistas, constructivistas... Por poner un ejemplo, ‘Un chien andalou’ realizado por dos jóvenes inexpertos en 1929. Pero si los jóvenes de las primeras vanguardias pretendían llevar un nuevo estado de espíritu al arte, a menudo bajo la forma de anti arte, los jóvenes de finales de la década de los 60, en plena expansión de la sociedad de consumo, tomaron la actitud misma como obra de arte. Y de esto es de lo que trata esta exposición, de actitudes. La selección de siete artistas puede parecer un poco arbitraria. Quizá corta, por culpa de una crisis económica que no perdona estructuras que dábamos –de manera gratuita– por consolidadas. Pero es coherente en su estructura –y aquí, podéis substituir “coherente” por “espartana”. La exposición se divide en tres ámbitos. El primero aborda la relación entre fotografía y cine. No olvidemos que el cine no es más que fotografías ordenadas cronológicamente. Y que todo nació de una apuesta con el fotógrafo Muybridge para saber si los caballos levantaban las cuatro patas a la vez durante las carreras... Hollis Frampton juega con estos conceptos añadiéndose sentido del humor. Más sorprendente es el trabajo de Lis Rhodes, una espaciosa instalación en la que dos proyectores enfrentados se disparan imágenes geométricas. En el espacio intermedio, casi fantasmal, hay lugar para la performance. Dan Graham muestra la maqueta de un edificio apto para las proyecciones, y Stan VanDerBeek imagina nuevos espacios de exhibición “total”. Y cierran dos piezas de Ben Rivers y Stan Douglas que subvierten la narrativa convencional.

Por Ricard Mas

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