Joaquín Torres-García

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Joaquín Torres-García

¿Habéis oído hablar de la ‘primavera catalana’? Supongo que no, porque aquí la conocemos como Novecentismo. Se trata de un momento muy especial, cuando una sociedad madura y consciente de su riqueza y diferencia cultural decide mirar hacia adelante y, con más voluntad que nostalgia, construirse. Joaquim Torres García es un joven de diecisiete años, de padre catalán, que emigra al revés, de Montevideo a Mataró. Lo primero que le sorprende son las cucharas de madera. En su país, los cubiertos son metálicos. Pronto se instalará en Barcelona, ingresará en las academias artísticas de rigor y hará amistad con lo mejor de una juventud increíble: Mir, Sunyer, Canals, Nonell.

Empieza a destacar hacia el 1898, año fatídico en las Españas, y gracias a la amistad con Eugeni d’Ors recibe encargos del naciente catalanismo oficial. También sentirá la llamada de la espiritualidad  obrerista, de las vanguardias, de la literatura y hasta de la pedagogía. En 1919, rompiendo lazos con el establishment más prudente, coge a la mujer a sus hijos e inicia un periplo que lo conducirá a Nueva York, vía París... En América todavía lo encontraremos junto a Rafael Sala, componiendo una revista independentista: 'Catalonia'.

Torres García es uno de los grandes artistas de las vanguardias del siglo XX, en concreto de un constructivismo humanizado. Pero también simboliza aquella Catalunya eterna que no fuimos capaces de construir. Murió a los 75 años en su Uruguay natal, dejándonos unas memorias fantásticas, una escuela pictórica autóctona –La Escuela del Sur– y una longeva viuda de Sarrià –Manolita Piña murió en 1994, a los 111 años–.

Podríamos decir que uno de los momentos más interesantes de la trayectoria de Torres y de Cataluña queda fijado en 1914, cuando toma forma la Mancomunitat bajo la presidencia de Prat de la Riba, que le encarga unos murales para la nueva sede del poder autónomo catalán, el actual Palau de la Generalitat. De eso, este año se celebra justo un siglo. Y el Palau d’Antiguitats lo celebra con una exposición digna de museo, recogiendo 38 obras del periodo catalán de Torres Garcia, cinco dibujos originales de Esteve Monegal para la Oració de l’Institut –iniciativa de Eugeni d’Ors– y un busto en yeso de Enric Prat de la Riba realizado por Ismael Smith. Modernismo, Novecentismo y vanguardia, juntos en un conjunto vertiginoso.

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