Martin Carral i Carmen Anzano

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Martin Carral i Carmen Anzano

Martín Carral y Carmen Anzano comparten taller, afecto y espacio expositivo. No sé cómo debe funcionar esta pareja, pero si titula la muestra 'La experiencia de dialogar' es que algo hay que decir, todavía. Me espero un diálogo punzante, entre Apolo y Venus, y lo que encuentro es una serie de geometrías. Circulares, las de Martín Carral. Más angulosas y volumétricas, las de Carmen Anzano. Ya me imagino que cada uno debe aparcar a su manera...
Un teórico podría inflar textos elogiando geometrías cuánticas y remolinos de antimateria poética. Yo, a las expansiones circulares de Martín Carral, sólo se me ocurre esperar allí el típico James Bond surgiendo del fondo de la tela, acompañado del aparato instrumental que acentúa el misterio. Porque, ¿es que nos tenemos que poner trascendentales a la hora de tratar la geometría? ¿Debemos explicar las maravillas de pino, el calendario maya o la subjetivización del trompe l'oeil? ¿No hemos vivido y digerido ya las maravillosas aventuras constructivistas, renovadas por la cinética y el arte óptico, e incluso el minimalismo?
Si repasamos la trayectoria artística de Carral, veremos que se inició pintando escenas taurinas y visiones urbanas cargadas de expresionismo. Tras los 80, explora técnicas como el goteo. Actualmente, se dedica al escondite de cielos, infiernos y dimensiones tan variadas como una selección de galletas Pujol. En cuanto a Anzano, en su currículum encontramos una praxis que hace 30 años estaba de moda: artista que emplea técnicas tradicionalmente propias de la mujer, al tiempo que practica el autodescubrimiento de género. En este caso, el tejido y el cuerpo.
Estamos ante celosías hechas de tejido y ojales metálicos, confeccionada en torno al bastidor pictórico, con colores intrusivos pero alentadores. Si el arte tiene que trascender, que no lo haga sólo en sentido metafísico. Hacemos que su arquitectura apoye el voyeurismo del otro lado estando, que se convierta confesionario donde expiar excesos, que vista un discurso que muchos creen fútil. Anzano ha creado una obra de dimensiones considerables, 'Tejiendo el aire', a través de la cual podemos, literalmente, pasear. Y quien dice pasear, dice creerse bogavante atrapado en una red, evocar la venezolana Gego o incluso meditar sobre la teoría de los seis grados de separación. En definitiva, un gran guiñol geométrico donde lo importante es dejarse llevar por la poética del ángulo dinámico.

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