La Gran Duquesa de Gerolstein

Música, clásica y ópera
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La Gran Duquesa de Gerolstein

Al estreno de 'La gran duquesa de Gerolstein' acudieron zares, emperadores, reyes, príncipes, marajás y sultanes. Todos en París para asistir a los festejos de la Exposición Universal de 1867. Todos en el teatro para aplaudir una farsa antimilitarista de Jacques Offenbach. Música ligera para un libreto quizá no tan inocente: tres años más tarde estalla la guerra franco-prusiana y la opereta bufa es prohibida.

El trabajo de la joven Companyia Bratislava (cuatro intérpretes y un pianista) es una reducción radical de una obra que suele verse en escenarios majestuosos como el Châtelet de París. Ajustado a sus magras posibilidades de producción, el montaje que han estrenado en el Teatre Gaudí es, a  cambio, una fiesta de ingenio, diversión y vitalidad escénica. Su energía burlona y clownesca recuerda a la exhibida en sus inicios por Comediants, Dagoll Dagom, incluso el Lliure de 'La bella Helena'. Gran trabajo de mímica, excelente coreografía de Jordi Ribot Thunnissen, y una desinhibición interpretativa que transforma una opereta de la Belle Époque –y sus dificultades– en un cómic 'underground'.

Una versión que gustará a los que conocen la historia de la insaciable zarina Catarina la Grande (que ascendía a sus soldados por sus servicios horizontales); a los que se ríen con las desventuras de los Fritz y Otto en las trincheras del Sturmtruppen de Bonvi; a los que consideran 'Sopa de Ganso' de los hermanos Marx una obra maestra. Para todos y cada uno hay un momento de homenaje, guiño y diversión.

Por Juan Carlos Olivares

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