Berto Romero sigue con nosotros

Comedia, Monólogos
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Berto Romero sigue con nosotros

Berto Romero pertenece a la estirpe de comediantes que creen que la mejor defensa es un buen auto-ataque: antes que me den ya me atizo yo, y con lo que sobre, reparto. La combinación de ingenio y flagelación ha salvado más de uno de arruinarse en el diván del psicoanalista. El control de la risa es un arma considerable en las manos adecuadas. En las de Romero son tan mortales como un golpe de Bruce Lee.

Desde el minuto uno –con un vídeo que reconstruye un mito biográfico al estilo del maldito Lenny Bruce– el show-man se coloca en la engañosa posición del tentetieso. Pim, pam, pum. Sopapos verbales cruzan el escenario hasta alcanzar la catarsis –sí, Berto, colaste una bien grande– con el inevitable tributo humorístico a su napia, su apéndice de oro. El momento también para demostrar que este espectáculo (Berto Romero sigue con nosotros) está sobre la media de los habituales monólogos de humor. Romero cuida todos los detalles que acompañan su ácido guion que deambula por la habitual ruta de sexo y escatología con esbozos de crítica social.

Toca hablar a ritmo de rap de su nariz cual curva de la felicidad y sobre la pantalla que señorea el escenario se proyecta un vídeo que rinde homenaje a la estética de los setenta y ochenta. Sin complejos mezcla el blanco y negro de un anuncio de colonia inspirado en el desnudo de Yves Saint-Laurent y los colores ácidos de los primeros vídeo clips. Una sofisticación inesperada en este tipo de espectáculos que buscan el efecto inmediato.

Por Juan Carlos Olivares

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