Nippon-Koku

Danza, Contemporánea y experimental
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Nippon-Koku

Marcos Morau es como el universo, siempre en expansión. Así que crece, que firma una nueva pieza, añade elementos nuevos, sin olvidarse de los viejos, en un camino que no sabemos dónde acabará, pero que por ahora nos permite disfrutar de un coreógrafo en plena forma, capaz ya de transferir su talento a otras compañías distintas de la propia, La Veronal, como ocurre en este 'Nippon-Koku' que hemos visto en el Mercat de les Flors interpretado por la Compañía Nacional de Danza (CND).

'Siena', su anterior espectáculo de gran formato con La Veronal, fue, para mí, su cumbre con su compañía. Por densidad, por variedad de texturas, de movimientos. Por cómo te sorprendía mientras te contaba su renacimiento. 'Siena ' era una película de Pasolini reinterpretando los clásicos. 'Nippon-Koku' sigue la línea compleja abierta entonces e incluso acentúa el carácter trágico de sus creaciones. De entrada, nos coloca en el valle de los suicidas de Japón y nos planta en los morros una soga, colgada en primer plano. La muerte que todo lo mata. Una mujer japonesa sufre mientras los militares la miran, impasibles. Tamako Akiyama se desespera. Suena un teléfono insidioso. Y el escenario se abre mientras los bailarines, uno tras otro, se lanzan al vacío. Temblor en el cuerpo.

Morau es el menos abstracto de los coreógrafos y, a la vez, es el más moderno de todos, como un Barceló o un Schnabel. Nos habla de Yukio Mishima, pero yo veo a Foster Wallace y la lúdica tragedia inminente. Nos hipnotiza con los 'pas à deux' y nos torpedea el cerebro con imágenes cuando los once bailarines se sincronizan. Nos explica qué es el poder y la muerte, con el lenguaje de la danza, pero bien podría ser un relato de Raymond Carver o un poema largo como 'La tierra estéril' de Eliot.

'Siena' era mejor que 'Nippon-Koku', quizá porque la bailaban los suyos, que tienen una ligereza y una falta total de mecanicidad que me sobra en los intérpretes de la CND. Pero no podemos hacer otra cosa que rendirnos ante la evidencia: Morau es tan bueno, ahora, como los Peeping Tom o Sidi Larbi Cherkaoui. Palabras mayores.

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