Siena

Danza, Contemporánea y experimental
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¿Qué es el arte?, Se pregunta La Veronal. O mejor: ¿como miramos el arte? Todo depende del punto de vista, del cuerpo. Y la excelente Siena de la compañía catalana nos fuerza a hacernos esta pregunta, porque es tanta la creatividad que exhiben que, ante el agobio visual, tenemos que subir un escalón. El coreógrafo Marcos Morau y el dramaturgo Pablo Gisbert han construido un fresco italianófilo que va de La Venus de Urbino de Tiziano, al Mulholland Drive, de Lynch, sin olvidarnos de una referencia que liga todos los cabos, el Decamerón de Pasolini . Y un verso, el "vendrá la muerte y tendrá tus ojos", de Pavese, que nos martillea la cabeza desde la última escena. No lo hemos oído, pero está.

La Veronal nos lo pone fácil: nos colocará en una sala de museo tradicional, con el cuadro de Tiziano a nuestra izquierda. Tenemos bancos y una persona que mira, y el vigilante. Salen dos esgrimistas y, en lugar de atacar con el florete, reproducen los movimientos del combate. En off, un hombre y una mujer hablan. Es decir, cuatro planos, a los cuales se añadirá un quinto cuando la Venus sea sustituida escucharemos un cuadro viviente. A través de Siena veremos Botticelli, Caravaggio, pietàs varias, a Mussolini solaparse con Berlusconi –el toque cómico de la función-, y disfrutaremos de los pas à deux más maravillosos que hemos visto en mucho tiempo, nerviosos, plásticos. Gracias a Lorena Nogal, Clyde Archer y Sau-Ching Wong.

Siena se encuentra entre la belleza de Anne Teresa De Keersmaeker y la potencia discursiva de los DV8. Verlo es como disfrutar de una película de Kieslowski, sentados plácidamente, a la espera del estallido de un festival visual y narrativo que no olvidaremos nunca. Esto es el arte: la emoción.

Por Andreu Gomila

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