Diario de Enric Casasses

Enric Casasses recupera dos textos de 1980 escritos en Suecia

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En 1980, Enric Casasses no era ni escritor ni poeta, sólo escribía. Esto nos lo dice él mismo, medio sonriendo, con esa cara de estar tomándote el pelo que el autor gasta a menudo. En 1980 se fue al sur de Suecia, a Escania, con una amiga de entonces que él la llamaba criatura de luz, o Ljusbarn. Se sentaba en el porche de la casa y escribía, hasta que se le acabó la pasta y se vio obligado a trabajar, y en esa región de Europa tocaba recoger fresas. "Fresones", remarca Casasses. ¿Cómo eras entonces?, Le repetimos. "Era más libre", remarca. No había publicado ningún libro y apenas empezaba a colaborar en prensa. Seguro, sin embargo, que llevaba el pelo largo, estaría igual de delgado y sería un poco menos sabio que ahora...

La cuestión, sin embargo, es que Casasses perdió el poema adjunto al dietario. Un texto largo, formado por versos pentasilábicos que es Casasses en estado puro. Y que demuestran que la poesía, para él, representa la dimensión pública de su obra, lo que construye para dar a conocer. Por eso nos sorprende mucho más su prosa, rica, matizada, de gran capacidad discursiva. "Es mi dimensión privada", dispara. "No es que me plantease si el dietario podía interesar, sino si estaba enseñando demasiadas intimidades", añade. Entonces, sufrió "un conflicto moral" y comenzó a enseñar 'Diari d'Escània' a diestro y siniestro, con el poema 'Univers endins' adjunto. Hasta que, de una casa a otra, lo perdió. Un día de 2010, pam, apareció y Casasses se abalanzó.

La vida de Casasses aquel junio y julio de hace 30 años tiene un punto de Bergman, de casita en el bosque, conversaciones luteranas y disquisiciones alocadas. Todo confundido en un paisaje donde todo es grandilocuente, pero no grandilocuente. El autor nos habla de la destrucción de nuestro país, de su preferencia por el nicho por delante del cementerio como parque público, de mitología escandinava, de literatura continental, de las paredes de piedra seca como nexo de unión entre los pueblos de Europa ... En 1980, Casasses ya decía que éramos zombis y pronosticaba que, una vez muertos y rematados, Europa descubriría la literatura catalana, reliquia hermosa del pasado. Y nuestras paredes de piedra seca.

Como escribe en un nuevo libro de poemas que también ha publicado ahora, 'A la panxa del poema en prosa que no hi neva ni plou': "La belleza es un regalo, chicos, burros, ¿qué decís? ¿Que no véis que es gratis? ". Y es que en 1980, cuando Casasses era libre, escribía que había los que decían que después de Verdaguer y Maragall, venía él. Y, tal vez, quien decía aquello tampoco iba tan errado...Cuestión de gustos, claro.

DIARI D'ESCÀNIA I UNIVERS ENDINS
Empúries. 134 pàg. 16 €
A LA PANXA DEL POEMA EN PROSA QUE NO HI NEVA NI PLOU
Tria. 130 pàg. 15 €

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