À la ville de... Barcelona

Teatro
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À la ville de... Barcelona
©David Ruano

Creación y dirección: Joan Ollé. Con: Joan Alavedra, Eduard Altaba, Joan Anguera, Ivan Benet, Marta Betriu, Salvador Boix, Oriol Camprodon, Laura Guiteras, Oriol Genís, Enric Majó, Xavier Maureta, Victòria Pagès, Jordi Vidal.

Un 'time-lapse' de la historia de Barcelona. Un viaje acelerado formado por infinidad de estampas con la hoja de ruta caótica de un poeta con retranca, como los que tintaban las páginas del “¡Cu-Cut!” con su métrica caústica. 'À la ville… de Barcelona!' es un espléndido mosaico de tipos, recuerdos, tópicos, cuentos, rincones, postales, acontecimientos, anécdotas, leyendas, misterios, recochineos, canciones, libros, chismorreos, experiencias y recuerdos…, con la ciudad y sus muchas gentes como único punto en el temario de un singular libro de crónicas metropolitanas. Un paisaje que traza una invisible frontera social e ideológica con la upper-Diagonal, aunque Joan Ollé después irrumpa–como un cacique moro en tierras cristianas– en territorios transfronterizos para rescatar retazos de memoria que le sirven para cerrar este increíble retrato de Barcelona.

Un montaje ágil, a ritmo de revista surrealista, que reparte generosamente su tiempo entre la risa –nunca inocente– y la atención emotiva. Vuelan los cuchillos, pero con la habilidad de un artista de circo. Siempre queda la duda del truco, pero la diana siempre está bien orientada. Nunca señala con afilada punta a los personajes que realmente importan y dan carácter a una ciudad que se precie de tal. Trata con mimo a la “señora María”, a Copito de Nieve, Colón, la Dama del Paraguas y al cupletista decadente de la Bodega Bohemia; y con crueldad a la liceísta rancia que sólo conoce la verdadera Barcelona de oídas, entre las líneas de 'El caso' que le ha robado a su criada de hurtadillas.

Un espectáculo en el que todo funciona y armoniza: la delicadeza de las ristras de bombillas de color colgadas de una farola industrial, el templete de música de la Ciutadella con la banda saliéndose de sus costuras de falso hierro; las mesas y sillas, las vallas de seguridad de una anónima y eterna obra, las ruedas del Bicing, un paso de peatones a ninguna parte que sirve de pasarela antropológica. Y un pequeño telón de terciopelo rojo que concentra todo el saber canalla de esta ciudad. Un gracioso vomitero teatral para cuplés, chotis, chachachás, boleros y baladas de patria azucarada.

Una rayuela teatral, de piezas que crean relaciones envenenadas, con un reparto especialmente en forma. Todos magníficos, aunque Victòria Pagès arrastre los aplausos con sus dos monólogos. Qué gran actriz: lo hace tan bien que parece que no haga nada.

Por Juan Carlos Olivares

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