Àlies Gospodin

Teatro
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Àlies Gospodin
Àlies Gospodin

El ciclo dramático de Gospodin empieza con la tragedia de perder su llama domesticada (mascota y medio de vida) y termina con la felicidad de sentirse libre en una cárcel. Por el camino ha perdido propiedades, familia, novia, amigos, y ha encontrado lo que no quiere: ofertas de trabajo y mucho dinero. No exhibe etiquetas, pero se ha tomado al pie de la letra el lema hippie “paren el mundo, que me bajo”. Como Gospodin es una criatura de Philipp Löhle, un dramaturgo alemán, su opción de vida posee una irritante radicalidad. Un primitivista como le gustaría a Rousseau pero matizado por la terquedad germánica. Una comedia filosófica protagonizada por un “tocacojones”. ¿Humor y reflexión?: una dificultad añadida no resuelta por nuestros creadores locales. Aquí cuesta encontrar el tono adecuado cuando la risa surge del pensamiento.

La propuesta de Moisès Maicas logra entretener, pero no cierra la duda de que podría ser más incisiva, más misántropa. Divertir siendo más antipática. Los personajes no dejan de tener un punto entrañable que quizá no les conviene del todo. Gospodin todavía puede conservar un resto de inocencia –consciente, si se quiere–, pero el resto de seres humanos que se cruzan en su campaña antisistema son una auténtica panda de cínicos. Un perfil muy suavizado en el montaje de la Sala Beckett de 'Àlies Gospodin'. Mireia Aixalà, Pau Sastre y Jacob Torres (Gospodin) cumplen con las indicaciones de la dirección. Están bien, pero como toda la función, podrían estar mejor.

Por Juan Carlos Olivares

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