Cosmètica de l'enemic

Teatro
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Cosmètica de l'enemic
Cosmètica de l'enemic
La obra más romántica de la cartelera es en la Sala Muntaner. Romanticismo auténtico. Nada de blando sentimentalismo. Pura atracción al abismo, parafraseando Rafael Argullol. Los primeros románticos coinciden en darle forma a los demonios interiores. La locura adquiere identidad propia. El lenguaje directo y brutal que usa Amélie Nothomb en 'Cosmética del enemigo' es sólo forma. Una servidumbre contemporánea. El fondo está anclado en los mismos miedos que azotaban hace 200 años poetas y literatos: el insoportable peso de la culpa y la angustia de perder la razón. Nadie está a salvo, ni el ejecutivo que en un aeropuerto parisino espera el vuelo a Barcelona y es asaltado por alguien con demasiados datos sobre su intimidad.

Magda Puyo y Pablo Ley controlan la evolución de la historia desde la intrascendencia de un encuentro tan fortuito como invasivo en la atmósfera irreal de un relato de terror situado en un entorno aséptico. En cambio, la personalidad escénica de los dos personajes no es tan equilibrada. El tratamiento de la figura del asaltante es impecable, como la interpretación de Lluís Soler. Con el punto justo de enigma. Su presencia se impone por el control que ejerce sobre la situación. Xavier Ripoll, el asaltado, tiende a mostrar las cartas desde el primer minuto y se ve obligado a visualizar su lucha interior en una crispada coreografía. Como si Puyo hubiera querido dar un paso más –e innecesario– en la exhibición del monstruo.

Por Juan Carlos Olivares