Davant l'Empire

Teatro
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Davant l'Empire

Si Truman Capote hubiera escrito un guion para Doris Day y Rock Hudson
quizá habría imaginado una comedia romántica como 'Davant l’Empire' de
Octavi Egea. Ella habría sido menos frígida y él habría salido antes del armario. No cuenta 'Desayuno con diamantes'. La novela no encaja con el habitual chico encuentra chica, etc. Otra cosa es la adaptación cinematográfica. Excepto por la franqueza sexual que exhibe la pareja protagonista, 'Davant l’Empire' es un homenaje retro a historias pasadas de moda, que Mónica Aybar dirige con el mismo espíritu 'vintage'.

Todos los elementos de esta voluntariosa producción están coordinados para
convencer al espectador de que se aventure en un viaje en el tiempo. Un
consciente ejercicio de nostalgia como los que practica Woddy Allen en sus
películas. También Radio Days traslada a una azotea de Manhattan algunas
de sus escenas más significativas. En 'Davant l’Empire' es el único escenario.
Y como en la cinematografía de Allen, la función del Teatre del Raval se apoya
en una evocadora banda sonora para acompañar los vaivenes de una pareja
nada convencional. Entre los episodios suenan las voces de Bobby, Nat,
Marilyn, Ella, Frank, Louis y Billy. Terciopelo para los oídos.

Una propuesta agradable que quizá habría que juzgar con mayor severidad,
pero que cumple con su objetivo de entretener a la vieja usanza, con
interpretaciones que juegan con antiguos modelos, especialmente bien imitado
por Míriam Tortosa, sosías de una Connie Stevens de estudiados remilgos.

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