Dimecres

Teatro, Teatro contemporáneo
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Dimecres

Aina Tur es una joven autora menorquina con vocación y compromiso por la escritura teatral y con la voluntad de llevar al escenario emociones, impulsos, imágenes que brotan de su interior y que, al mismo tiempo, forman parte del imaginario colectivo . ¿Y qué tema más común a la humanidad que el amor, que las relaciones de pareja? Dimecres nos habla, pues, del amor y del desamor, pero lo hace desde una escritura impresionista que prescinde de cualquier estructura convencional y que vierte sobre el papel, primero, y luego sobre el escenario, con la intermediación de la directora y los intérpretes, unas pulsiones, unos rayos, unas microhistorias en torno al tema.

Aina Tur no busca al espectador. Le envía su manera de sentir y ver el mundo y lo hace en un texto que entiendo que quiere funcionar como una partitura de música contemporánea. Quiero decir que exige al espectador entregarse al juego que nos propone y que a la postre es un experimento textual propio de un taller de dramaturgia que, además, la directora convierte en experimento formal.

Dimecres asistimos a una serie de instantáneas sobre la relación de un chico de 30 años con las mujeres de su vida. 21 escenas. En el original no hay ninguna solución escénica para hacer las transiciones. La directora, Daniela de Vecchi, ha inventado una propuesta teóricamente aleatoria con una especie de máquina de pinball que deja caer bolas de metal sobre los números que marcan las escenas. Un juego que no afecta el discurso de la obra pero que evita, afortunadamente, lo que sería una interminable sucesión de oscuros. En Dimecres, lo que se dice es sólo una parte de lo que hay.

La directora propone un juego actoral bien llevado (Anna Berenguer, muy dúctil, y Xesco Pintó) y que establece un código escénico propio, como pide una obra sin acotaciones y que sobre el papel plantea muchas dudas sobre su interés y teatralidad. No importa que De Vecchi nos hable de poética sistémica (como notamos el aura de José Sanchis Sinisterra detrás) porque lo que la directora debe conseguir, y en buena medida lo consigue, es meternos en su dinámica escénica , aunque nos resulte extraña en un principio. Dimecres, como texto, es un buen experimento pero también un loop, un paisaje desordenado que al final no dice gran cosa. ¿El amor? Qué gran tema para hablar.

Por Santi Fondevila

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