Dispara, agafa tresor, repeteix

Teatro
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Dispara, agafa tresor, repeteix
Ros Ribas

De entrada, hay que dejar una cosa clara: Dispara/Agafa tresor/Resisteix es, literariamente, una obra extraordinaria. Mark Ravenhill escribió 17 piezas sobre la guerra a partir de grandes obras de la literatura (Crimen y castigo, Paraíso perdido, Las troyanas...) que son globalmente un gran texto. Hablan de lo terrible de la existencia humana, del despotismo occidental, de nuestra soberbia. Y todas se comunican a través de palabras clave –democracia, libertad, almuerzo, madre...– que dan coherencia al conjunto.

En la translación que ha hecho Josep Maria Mestres de siete de estas piezas en el Lliure no nos perdemos, cazamos todas las pistas –mérito importante – y consigue mantenernos dependientes de la escena durante las tres horas del montaje. Pero no sé, hay alguna cosa que falla. Y no se trata de la interpretación de los actores, ni de la puesta en escena, si no que se trata de una cuestión de punto de vista.  

¿Estamos ante una farsa? ¿De una tragedia? ¿De una comedia? Esta última opción la descartamos, teniendo en cuenta el tema de fondo –la guerra total entre oriente y occidente–. Pero, ¿y las otras dos? Quizá es un poco de todo, pero a veces pasa que no sabemos del todo cómo nos está diciendo lo que nos está diciendo. Lo sabemos en Les troianes, la primera pieza, con las cinco actrices (Carmen Machi, Sílvia Bel, Àurea Márquez, Mar Casas y Mònica López) en escena, cinco pijas muertas de miedo que venden democracia a cambio de smartphones. Lo sabemos en La madre, con una Machi pletórica que levanta la función cuando ya pensábamos que no volveríamos después del entreacto. Y lo sabemos en Guerra i pau, al final, donde un niño de siete años, Adrià Roca, ofrece el punto de brillo que sólo nos había ofrecido Machi.

Mestres liga con habilidad todas las escenas. Vamos encontrando puntos de la una a la otra, personajes de aquí, palabras de allí. Y llega a transmitir el potencial de la obra cuando asume al 100% el carácter pinteriano de las piezas, aquella ironía chapucera de las últimas obras del premio Nobel inglés. De Celebració o de Ashes to ashes. Las actrices entran y salen, y los actores son meras comparsas. Todos están bien, correctos, pero no se juegan la vida. Y quizá esta obre pide un esfuerzo suplementario para llegar a las cinco estrellas que se merece. Lo que dice es abrumador. Es una obra que se ha de escuchar.

Por Andreu Gomila

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