El crèdit

Teatro, Comedia
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El crèdit
El crèdit

De: Jordi Galceran. Dir: Sergi Belbel. Con: Jordi Boixaderas y Pere Ponce.

Una 'comedy factory' de éxito. En eso se ha convertido el Torneig de Dramatúrgia Catalana que Jordi Casanovas celebra desde 2011 en el ring que instala en el Temporada Alta. 'El crèdit' de Jordi Galceran fue el ganador de la primera edición. Vota y sentencia el público. Y lo ha hecho durante tres años con bastante olfato. Con este inapelable aval se presenta esta comedia sin matices semánticos en la Villarroel. El equipo es una reunión de viejos conocidos acostumbrados al éxito. Sergi Belbel dirige; Max Glaenzel dibuja una atractiva plataforma central giratoria (solución probada en la Beckett hace más de una década), y el protagonismo se reparte entre Jordi Bosch (un director de banco) y Jordi Boixaderas (un solicitante de crédito). Los “jordis de oro” del teatro catalán que vuelven a revalidar con su actuaciones su alta cotización.

La coincidencia de nombres y la excelente reacción del espectador hacen casi imposible no traer a colación la fortuna de El mètode Grönholm. Sólo que hay sutiles diferencias entre ambos textos, que no afectan al hilarante resultado. Grönholm era un proyecto cerrado y 'El crèdit' estrenado comercialmente es una versión extendida del primer texto presentado en el “combate” de dramaturgos, y Galceran no hace mucho más para disimular que a los cuarenta minutos cierra de manera brillante el divertido conflicto que plantea y que la media hora restante es un esforzado ejercicio para liar la trama lo necesario para sumar tiempo. Un simple sonómetro para medir los decibelios de las carcajadas es suficiente para probar hasta dónde llegar el texto original y dónde empieza el anexo.

Si en 'Grönholm' había cierta voluntad de experimentación formal, casi llevándolo al absurdo y la distopía, 'El crèdit' tiene más de mirada hacia el pasado, un pasado más lejano que Ionesco. Está por encima del simple ejercicio de estilo, pero la brillantez dialéctica (sobre todo el genio sofista que domina en el perfil del solicitante) es un homenaje solar al teatro de Marivaux, autor bien conocido por Belbel. Sin artilugios de última generación y vestuario de época, el encuentro que propone el autor podría situarse perfectamente en el siglo XVIII. Hay tanto gusto por la palabra y sus inesperados efectos que parece escrita con el placer de otra época, incluso en sus expresiones más groseras. Una pieza de salón con el ingenio al servicio de los malos tiempos. Intemporales.

Por Juan Carlos Olivares

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