El principi d'Arquimedes

Teatro
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El principi d'Arquimedes
El principi d'Arquimedes

Un mismo autor, Josep Maria Miró y Coromina, y dos obras tan diferentes. Qué lejos está la función de la que hablamos del exceso de 'Gang bang', estrenada hace dos temporadas en el T6 del TNC. 'El principio de Arquímedes' es el reverso de aquella por la precisión en el lenguaje, en el desarrollo de los hechos y en la exactitud de las ideas que brotan en la obra. No falta ni sobra nada. Miró parece que quiera hablar de un posible caso de pederastia, de si el beso de un monitor de natación a un chaval, denunciado por una niña, es el detonante de la función, el conflicto que obliga la directora de la piscina y el compañero del entrenador a definirse. Pero lo más importante de la obra, lo que la hace actual, que le da un aire sociopolítico y nos hace reflexionar, es la manera como una duda, una acción aparentemente inocente, y que no sabemos siquiera si ha existido, se convierte en el pretexto de una paranoia colectiva que quién sabe cómo puede acabar, y que nos recuerda cómo de fácil puede resultar la manipulación de las personas, sobre todo en los tiempos que vivimos en donde la seguridad es el valor máximo de los estados. Y si el texto es directo, punzante, la dirección y la interpretación (Albert Ausellé, Roser Batalla, Rubén de Eguía y Santi Ricart) resultan admirables en su realismo. Todo depende del punto de vista sobre la cuestión y esto se traslada a la misma escenografía (Enrique Planas) en un relato no lineal en el que la alteración formal no es un puro capricho, un juego estilístico, sino parte esencial de la narración. Magnífico. No se la pierdan.

Por Santi Fondevila

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