Els dies feliços

Teatro
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Els dies feliços
©Ros Ribas

De: Samuel Beckett. Dir: Sergi Belbel. Con: Emma Vilarasau.

'Els dies feliços' de Sergi Belbel, Emma Vilarasau y Òscar Molina es la confirmación que desde Catalunya se ha hecho mucho para restituir a la obra de Beckett su verdadera identidad: la rehabilitación de la figura del clown. Beckett aupó a Augusto como último representante de una humanidad estupefacta, asediada por un mundo pos-apocalíptico. Augusto obstinado en su error, incapaz de escapar del círculo vicioso de la estulticia. El clown en el Lliure se resume en la peluca cobriza de Winnie y en la máscara de una normalidad exagerada hasta la irritación. Hasta que se petrifica enternecedor en el óvalo iluminado de un rostro que sólo conserva la mueca cruel del estupor.

Otro acierto de este montaje es la relación que establece con la literatura distópica que, como reconoce el programa de mano, es una opción dramática inusual. El impactante paisaje marciano de Max Glaenzel –digno de un mockumentary– y la atmosférica iluminación de Kiko Planas, sirven de perfecto marco para un futuro desolador. Un paisaje que podría inspirar una trilogía “del día después” con los personajes de 'Els dies feliços', 'Fi de partida' y 'Tot esperant Godot' como supervivientes de un holocausto ético. Una visión que no está muy lejos de 'The Road' de John Hillcoat. Aunque Beckett gaste mucho más humor –irónicamente condescendiente con la comodidad burguesa– que Cormac Macarthy.

Un espectáculo que destaca por el conjunto de sus elementos (director, actriz, actor, escenógrafo, iluminador) que por la brillantez determinante de las individualidades. La Vilarasau está muy bien, pero no más que Rosa Novell o Carme Sansa, antecesoras en el papel de la enterrada Winnie.

Por Juan Carlos Olivares

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