Els Feréstecs

Teatro
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Els Feréstecs
©Ros Ribas
Els feréstecs

Lluís Pasqual ha convertido la caja mágica del Lliure de Montjuïc en una
hilarante ínsula Barataria de las variantes dialectales del catalán. Un genial
artificio barroco por su capacidad de sorpresa mecánica. Una burbuja de
fascinación que sólo se rompe cuando la ovación final expulsa al público a la
severa noche de la realidad. ¿Por qué no puede durar cinco minutos más? Ser
feliz un rato más en ese soplo de tiempo que vuela en una excelente comedia.

'Els feréstecs' (I rusteghi) no es el primer texto de Carlo Goldoni que dirige
Lluís Pasqual. Se nota el poso dejado por 'Un dels últims vespres de carnaval',
pero en esta guerra sexos entre el conservadurismo obtuso de los hombres y
la liberalidad humanista de las mujeres –entre misántropos y filántropas–, el
director ha decidido olvidar al padre e imaginar una nueva tradición que ligue el
teatro popular catalán con la commedia dell’arte italiana. Un invento de enorme
efectividad cómica. Trasladados a una ficticia comunidad de irredentos carlistas
en medio del breve periodo de I República española –suena con tenora el
Himno de Riego, usado de polca de carnaval–, los personajes aparecen más
embrutecidos y primitivos. Dibujos de una vieja auca al servicio de la malicia
crítica del maestro, que dice todo lo que quiere decir y denunciar sin romper la
ligereza de la comedia: desde la manipulación de la viquipèdia, el oráculo de la
modernidad, hasta la ironía de la estática composición final en el 'lieto fine' (el
obligado final feliz del siglo XVIII) en un espectáculo que es puro movimiento.

Ni rastro del paisaje burgués veneciano. Esto es territorio ultramontano. Tierra
poco fértil para nuevas ideas liberales, en la que destaca aún más –por radical
contraste– la inteligencia natural y el sentido común de las mujeres, dilapidado
en cómo sobrevivir en un entorno adverso. El brillante ingenio de una mujer.
Porque en esta comedia reina Victòria (Felicia), una marquesa de Merteuil
de provincias: encantadoramente manipuladora, deliciosamente coqueta;
una maquinadora vocacional interpretada por una radiante Laura Conejero.
Seductora en cada pequeño o gran gesto. Una presencia cautivadora
acompañada por un elenco sobresaliente de intérpretes formado por Andreu
Benito, Jordi Bosch, Pol López, Carles Martínez, Xicu Masó, Rosa Renom,
Boris Ruiz, Rosa Vila y la sorpresa de Laura Aubert, que arrasa como pequeña
salvaje.

 

Por Juan Carlos Olivares

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