Forever young

Teatro, Drama
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Forever young
Forever young

Erik Gedeon quiso ser músico y acabó por ser el inventor del song drama, género evolucionado y popularizado del liederabend del romántico alemán. Sigue el piano, pero Franz Schubert ha sido sustituido por Kurt Cobain, y la introspección sentimental por la nostalgia rockera y el humor geriátrico. Mucha canción, poco texto y mínima trama. Estilización musicodramàtica del popurrí. La consagración de su invento llegó en 2001 con el estreno en Hamburgo de Thalia Vista Social Club. Nueve años de éxito en el mismo escenario. El montaje evoluciona, se estrena en 2007 en Dresde con el título de 'Forever young', y se exporta a otros países. El Tricicle se encuentra por casualidad en Oslo y ahora es el Poliorama tras probarse en una gira con larga parada en Madrid.

Hace bien el Tricicle de recordar en las promociones que este montaje no es para gente mayor, aunque sus protagonistas sean cinco cuerpos decrépitos –y su macabra cuidadora– encerrados en una residencia en un lugar menos lejano: 2049. Los ancianos del 2011 son los que menos conectan con un espectáculo que fía todos sus triunfos en la complicidad y la memoria musical de los últimos veinte años. La era MTV. Confianza ciega en el poder de la música que llega a su punto culminante en el divertido y extenuante repaso que hace el personaje de Rubén Yuste –con criterio alzheimer– del mejor y lo  peor del cancionero popular en poco más de cuatro minutos.

El resto, con la sonora aprobación de un público entretenido, es pasar el rato hasta la próxima canción y algún indicio de bien colocada amargura ante lo que nos espera. Y si te sientes solo entre otras que gozan sin peros, siempre tendrás dos horas por delante para tararear sin complejos el repertorio de tu vida.

Por Juan Carlos Olivares