Fresa y chocolate

Teatro
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El relato de Senel Paz y la posterior película de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío convirtieron 'Fresa y chocolate' en un impacto mundial. La historia de una amistad entre un homosexual culto y escéptico sobre cuestiones políticas (Diego) y un revolucionario heterosexual y un tanto dogmático (David) en el marco de una sociedad intolerante y homofóbica conquistó el corazón de millones de espectadores. Joel Angelino ha propuesto recuperar la emotiva y tierna historia en un solo donde puede lucir indudables capacidades escénicas de que goza. Es un buen bailarín. Tiene un movimiento directo, fresco, contundente. Sabe decir el texto y, en algunos momentos, consigue llegar a ese punto en donde transmite la emoción como una caricia. Claro que Angelino lo ha hecho casi todo solo. Desde la versión. Resumir en una hora la historia es difícil, pero si además la ilustras con coreografías, músicas... la función adquiere un tono de cabaret y la palabra pierde su intensidad emocional.

'Fresa y chocolate' es pues un proyecto muy personal y el actor es bastante seductor para explicarla con gracia haciendo todos los personajes, principalmente, claro, los de Diego y de David. Pero el conjunto es débil, algo exhibicionista y exagerado y, en mi opinión, daña una propuesta que, eso sí, tiene momentos, pocos, muy delicados en los que esta amistad, núcleo de la obra, se revela con toda su fuerza.

Por Santi Fondevila

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