Jo mai

Teatro, Teatro contemporáneo
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Jo mai

Text y dir: Iván Morales. Con: Marcel Borràs, Àlex Monner, Oriol Pla, Laura Cabello, Xavier Sáez.

Ha pasado más de medio año desde que Iván Morales estrenará en el Grec 'Jo mai', su tercer proyecto teatral. Luego vinieron meses de carretera con espíritu de banda de rock (desde su génesis fue primero la música y después la letra) y ahora inauguran temporada en el Lliure de Gràcia. En este tiempo el montaje se ha oscurecido. Una melancolía rabiosa que favorece su lectura. Las historias que entrelaza Morales siguen siendo melodramas de la marginalidad –en su espectro más amplio–, pero, como en las películas de Gus Van Sant, están matizadas por una pátina poética que las salva del tremendismo. Y si queremos jugar aún más a las películas, viene a pelo el estudiado amateurismo que persigue Larry Clark en sus docu-dramas con adolescentes. Y si jugamos a las bandas: ahí está Nirvana y el mito romántico de Kurt Cobain, el Werther de la Generación X.

La oscuridad que ahora se cierne sobre 'Jo mai' acrecienta la imagen de refugio que tiene el Bar Amparo (el espacio simbólico que acoge las historias cruzadas que acaban en una sola tragedia) y la idea de fraternidad como el sentimiento que ata a los personajes. Los ideales del romanticismo aplicado a una comunidad de individuos a la deriva. La tentación del abismo se materializa en el fracaso de la segunda oportunidad que se le ofrece a cada uno de los personajes. En este aspecto, 'Jo mai' es radical: la posibilidad de ser feliz –que desaparezca el ruido y no entre la niebla– dura lo que dura una canción. La fuerza romántica primitiva, sin subterfugios, directa –acelerada por el rock, el reggae, el punk– es lo mejor de este espectáculo.

El tiempo también ha servido para equilibrar algo más un trabajo actoral que presentaba importantes altibajos. Àlex Monner y Laura Cabello parecen haber entendido que el teatro pide una relación más rica con el espacio, y que es el gesto (variado) y la palabra (inteligible) el que construye ese espacio dramático. De todas maneras todavía tienen que recorrer un largo camino de aprendizaje para llegar a la naturalidad de Xavier Saez, la intensidad introspectiva de Marcel Borràs, pero sobre todo para alcanzar la brillantez de Oriol Pla. Estaba magnífico en el Grec y sigue en ese nivel en el Lliure. Galvaniza la atención como instrumentista, como payaso, como narrador, como ese frágil e entrañable personaje al borde de la desintegración. Si Koltès hubiera escrito un rol seráfico sería este.

Por Juan Carlos Olivares

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