Llibertat!

Teatro, Clásico
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Llibertat!

Un siglo y una década más tarde después de su última representación regresa Llibertat! de Santiago Rusiñol. Un texto sobre la hipocresía moral colectiva a partir de la llegada de un elemento extraño (un niño negro) a una comunidad autoproclamada progresista. La obra comienza como una brillante farsa en la que se retratan todos los tipos sociales de una villa encandilada por la prosperidad (envenenada) que les regala su “indiano”. Una comedia escrita por el Rusiñol que pulía su sentido crítico en las páginas de L’esquella de la torratxa. Anticipo del trazo grotesco de Dürrenmatt.

Excelente inicio  que se desdibuja con el paso de las escenas y el creciente protagonismo del drama en la obra. Se impone la visión ética del leído Martinet, personaje sosías del autor que parece imbuido por las teorías del utopista Thoreau. Cuando el púlpito laico domina el escenario, Llibertat! se transforma en moralina dramática, aunque sea tan vigente en 2013 como en 1901, sobre todo en el actual contexto de crisis general y específica del TNC.

Josep Maria Mestres parece seguir la misma ruta del desencanto. Su propuesta nace fuerte con la Sala Petita convertida en plaza mayor de la farsa y se desinfla hasta perder todo su fuelle en las últimas escenas, innecesariamente trasladadas a un presente –acompañado por un tópico viaje sonoro– que la claridad del texto y su discurso no necesita. Tampoco ayuda que el protagonista (Òscar Kapoya) aún no esté preparado para asumir esta responsabilidad.

Por Juan Carlos Olivares

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