Roberto Zucco: 12 preguntas a Pablo Derqui

Entrevistamos al protagonista del último estreno del Romea

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1. ¿Quién es Roberto Zucco?
Cuando te enfrentas a esta obra es inevitable buscar el personaje real en el que se basó Koltès. Hice una poco de búsqueda para darme cuenta que tampoco era necesario. Porque es una excusa. Se enamora de un personaje, un poco de demonio social, un asesino en serie y que aparentemente mataba sin seguir ningún patrón, muy guapo... Y se enamoró de esta imagen. Hace una oda trágica a este personaje. Es un personaje que trasciende la moral. Es como una flecha que atraviesa los diversos aspectos de la sociedad en forma de pregunta y cuestiona muchas cosas... Tiene unos vuelos poéticos preciosos. Está fuera del bien y del mal. Se pregunta: por qué vivimos, qué sentido tiene la vida... Durante toda la obra se pregunta: por qué la gente no se mata entre sí, si todos somos asesinos, qué especie de hipocresía social hace que la gente no se mate entre sí... El personaje encarna una especia de desgarro emotivo que se entiende cuando sabes que Koltès escribió la obra cuando se le diagnosticó el sida. Tenía un rebote existencial: me moriré pero no quiero; todos nos morimos, pero yo no quiero. No quiero. Es poéticamente incómodo.

2. ¿Para ti también es incómodo?
Pero a la vez es fascinante.

3. ¿Es un personaje cercano a Hamlet?
La primera escena es un calco de Hamlet, con dos centinelas que hablan de la vida y de golpe aparece el espectro, que en este caso es Roberto Zucco que huye de la cárcel. Es un tipo que pone en entredicho todos los estamentos.

4. ¿Es un Hamlet un poco lumpen?
Es lo que hace Koltès: hace poesía de lo más lumpen, de lo más 'trash'. Es un poeta maldito. Es un Baudelaire o un Rimbaud de finales del siglo XX, con el transfondo del sida, que fue una epidemia brutal. Tiene una conciencia trágica de la vida, bonita, desde la mierda.

5. ¿Cómo has preparado el personaje?
Al principio tendí a buscar quien era el Zucco real. Por qué se fascinó Koltès con este personaje. Yo le decía a Julio (Manrique): no puedo sacarme de la cabeza el prejuicio moral, cual es el sentido de lo que hace. Hay un momento que se nos escapa. Esta obra, lo que tiene de inefable, de fascinante, es que cuestiona muchas cosas, pero da respuestas. Yo las buscaba. Pero no hace falta. Hemos descubierto que debemos confiar en la escritura lírico-poética de Koltès y seguir a los personajes como los definió. Son insondables. Estoy convencido que no le gustará a todo el mundo, pero una de las magnificencias de esta obra es que no se casa con nadie. Es una obra que, para que brille en ciertos momentos, hace falta que los actores estén un poco incómodos todo el rato. A mi me pasa.

6. Hace unos años hiciste de Biff Loman, en 'Mort d'un viatjant'. ¿No crees que Zucco y Biff son casi primos?
Los personajes conflictivos son los más chulos de hacer. Tienen conexión: cuestionan muchas cosas. En el caso de Biff es la familia. Una persona que no encuentra su lugar y necesita decir que no quiere seguir los patrones. Y su inseguridad y ansiedad hace saltar por los aires otra cosa... La sociedad se sostiene por convenciones que todos tenemos que nos permiten convivir. Y hay personajes que se enfrentan directamente a la muerte o al sin sentido de la vida y cuestionan estas cosas. En el caso de Biff, la familia. En el caso de Zucco, la muerte. Es alguien que ve la muerte como una oportunidad de ir más allá. No le teme a nada. No le da un sentido emotivo, humano, a las cosas. Por eso es extraño de interpretar. Es alguien que está en otro sitio y se fascina porque la gente no es como él.

7. ¿Escoges mucho los papeles?
No es que escoja, pero sí que entiendo que más que ganar mucho dinero o ser famoso, uno de los regalos de esta profesión es un buen papel. De momento he tenido la suerte de encontrar esto. No es que no me quiera prodigar más en el teatro, pero sí que me preocupa bastante que el papel me pueda enriqueces un poco o que yo pueda sentirme muy motivado...

8. ¿También depende de quién hace la obra?
También. Julio hacía tiempo que lo tenía en la cabeza y lo habíamos hablado, y me había dicho que quería hacerlo conmigo. Es una obra que muchos actores quieren hacer y es una obra mítica. Es curioso: es una obra de la que se habla mucho, pero tampoco la ha visto tanta gente... Hablando con Eduard Fernández me dice que es una obra que ha quedado como mítica, porque lo es, pero no tuvo tanto público (1993). Es una obra que fascina a quien la ve o la lee.

"Es una obra necesaria, que ha ce hacerse, que la gente más joven no ha visto y debe ver. ¿Y quién ha de hacer, sino nosotros?"


9. ¿Por qué crees que se hace tan poco Koltès?
Todo el mundo quiere hacer Koltès, pero nunca se acaba de llegar.

10. ¿Qué te aporta Koltès?
Son pequeños riesgos para saber si puedo ir un poco más allá, si yo, como actor, como soporte -yo no dejo de ser una herramienta de mi mismo -. Todo son pruebas.

11. ¿Qué has aportado al personaje?
No los sé. Confío en el punto de vista de Julio, que me dice que hay una cosa que he de buscar tan de entrada... No se puede asimilar. No es humanamente aprehensible, comprensible. Es un lanzador de preguntas. Vive un poco abruptamente la propia muerte.

12. ¿Qué te han dicho del Roberto Zucco de 1993?.
Cuando estudié en el Institut del Teatre  todo el mundo presentaba monólogos de Roberto Zucco. Estaba muy de moda. Yo lo he ido desvirtuando. Pero también pensaba: coño, es una obra necesaria, que se ha de hacer, que la gente más joven no ha visto y ha de ver. ¿Y quién la debe hacer, cojones, sino somos nosotros? Es una oportunidad. Mira, he hecho una peli fuera con Eduard Fernández, 'Descalços sobre la sorra vermella', sobre Pere Casaldàliga, y he tenido tiempo de preguntarle muchas cosas y él casi no se acordaba de nada. Era la primera cosa que hacía y no sabía del todo... Y yo pensaba: bendita ignorancia, bendita inconsciencia. Y me decía: tu la harás mucho mejor, porque tienes más recursos. Y yo: no sé qué decirte.

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