Sí, primer ministre

Teatro
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Sí, primer ministre

Antes que nada: reivindicar una nueva generación de grandes secundarios, aunque esa categoría sea cada vez más difusa. Pero si el papel del secretario personal del primer ministro se pudiera incluir en esta lista, Dafnis Balduz borda al pedante Bernard Wooley. Grata sorpresa de una función que dirige con firme elegancia Abel Folk. Con la suficiente tensión en las riendas para que se note su control sobre la correcta interpretación del habitualmente líbero Joan Pera, ahora imbuido del instinto de supervivencia del 'prime minister' Jim Hacker. Estrategia que no siempre coincide con la de Humphrey Appleby, alto funcionario de su gabinete, interpretado por Carles Canut con tanta solvencia como inevitable bonhomía, una virtud que no encaja del todo con el perfil de su personaje, un gran maestro de la ocultación, tergiversación, del circunloquio, del discurso brillante y vacío. 

Dentro de unas semanas quizá la anarquía y del morcilleo manden en el escenario, pero mientras tanto la versión catalana de la adaptación teatral de la famosa serie de la BBC Sí, (primer) ministre se toma a sí misma muy en serio. Cuidada escenografía de Paco Azorín y un indisimulado didactismo sobre la cara oculta del poder. Tanto se preocupa por no parecer una astracanada del Paral·lel que a veces se olvida que también es una divertida sátira política. Cuestión de ritmo –el ingenio se estira durante dos horas en una única anécdota– y de indefinición entre el vodevil, la farsa y el teatro de tesis.

Por Juan Carlos Olivares

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