Una història catalana

Teatro
  • 3 de 5 estrellas
0 Me encanta
Guárdalo
Una història catalana
Una història catalana

Seremos claros: Una història catalana era una gran obra, tres horas intensas que hablaban de nosotros, los catalanes, los que nacieron y los vinimos, los quinquis de Bellvitge y los montañeros del Pallars, dos mundos aparentemente antagónicos pero que se tocan, como bien demuestra la pieza de Jordi Casanovas. Hace dos años disfrutamos mucho de esta obra épica, en la Sala Tallers del TNC. En su reestreno en la Sala Gran, han quedado demasiadas cosas por el camino, porque Casanovas no se ha limitado a cambiar algunos actores (repiten Pep Cruz, Andrés Herrera y Borja Espinosa), sino que ha añadido, entre otras cosas, un tercer escenario que hace explícita la función.

En la primera versión, en el último acto, aparecía de golpe Josep de Farràs, de quien los pallareses hablaban durante toda la función. Y ahora, el autor ha decidido contar su vida. Y si antes la historia se movía entre Barcelona y el Pallars, ahora también tenemos Nicaragua, en los mismas fechas, de 1978-79, hasta finales de los 90, revolución sandinista incluida. El nuevo texto hace aguas y 'culebronea', además de dispersar el tema principal. En lugar de mejorar la pieza, podemos decir que hoy Una historia catalana es peor que hace dos años.

Sin embargo, la obra, en líneas generales, aguanta, gracias a las interpretaciones sublimes de Herrera, Alicia Pérez y David Bagés. Este último, actor camaleónico, borda todos los personajes que hace (al menos cuatro). Pérez es una Núria de Farràs pletórica, tan cercana y tan loca. Y Herrera es un Luis Calanda tan verosímil que da pavor: la historia que cuenta parece la suya. Todos juntos contribuyen a que Una historia catalana sea una obra recomendable, a pesar del ansia del autor de querer contar más cosas.