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Las obras de arte imprescindibles de los museos de Madrid

El Guernica, Las meninas, El jardín de las Delicias... Los cuadros de los grandes pintores que no puedes perderte

El Jardín de las Delicias
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El Jardín de las Delicias

Se trata sin duda de una de las obras más complejas y enigmáticas de Hieronymus van Aeken Bosch, conocido como El Bosco. En el tríptico se representan tres escenas: la tabla de la izquierda está dedicada al Paraíso, con la creación de Eva y la Fuente de la Vida; la tabla de la derecha representa el Infierno, con fuego, torturas y criaturas fantásticas; la tabla central es la que da nombre a la obra y es el falso paraíso en el que ha sucumbido la humanidad lleno de alusiones a pecados como la lujuria, ya que se muestran todo tipo de relaciones sexuales. El Bosco quiso hacer referencia al carácter efímero de la vida, el placer y la felicidad. Cuando se cierra el tríptico, se puede observar en un falso relieve escultórico la creación del mundo con dos inscripciones: “Él mismo lo dijo y todo fue hecho” y “Él mismo lo ordenó y todo fue creado” Génesis (1:9-13). Antes de colgarse en las paredes del Museo del Prado, la obra pasó más de tres siglos en el Monasterio de El Escorial.

Museo del Prado

El caballero de la mano...
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El caballero de la mano en el pecho

Este óleo sobre lienzo data de 1580 y representa a un caballero de unos treinta años vistiendo según la moda española de finales del siglo XVI y sujetando una espada con la mano izquierda mientras posa su mano derecha sobre el pecho. Siendo una de las obras más representativas de Doménikos Theotokópoulos, conocido como El Greco, se llegó pensar que podría ser su propio autorretrato. Otras hipótesis apuntan a que es el retrato austero y sencillo de Miguel de Cervantes o del secretario de Felipe II, Antonio Pérez. Sin embargo, la versión más aceptada en la actualidad es que se trata del tercer marqués de Montemayor, Juan de Silva y de Ribera, nombrado notario mayor del reino, lo que explicaría el gesto solemne de su mano a la hora de jurar el cargo.

Museo del Prado

Guernica
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Guernica

La obra más importante del Museo Reina Sofía es este óleo sobre lienzo de 349,3 x 776,6 cm. Fue pintado por Picasso entre los meses de mayo y junio de 1937 y representa el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica por parte de la Legión Cóndor el 26 de abril de ese mismo año durante la Guerra Civil española. Sin embargo, el pintor malagueño no mostró en su pintura en blanco y negro el bombardeo en sí, si no que se centró el en sufrimiento de la población a través de una obra llena de simbolismo. De composición piramidal, la obra se puede dividir en dos grupos: el primero estaría formado por el toro, el caballo herido y el pájaro alado, mientras que el segundo serían el soldado muerto y las diferentes mujeres que aparecen, incluyendo a la madre que grita con su hijo muerto en brazos. El cuadro fue un encargo que el gobierno republicano le pidió al entonces director general de Bellas Artes, Josep Renau, para ser expuesto en el pabellón español de la Exposición Internacional de 1937 en París y que éste a su vez encomendó a Picasso.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Las meninas
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Las meninas

Una de las obras maestras de Velázquez y también de las de mayor tamaño. Este retrato de la familia de Felipe IV, realizado en óleo sobre lienzo en el año 1656, mide 318 cm x 276 cm. La complejidad del cuadro convierte esta pintura en una de las mejores que alberga el Museo del Prado. Se pintó en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid y muestra a la infanta Margarita atendida por doña María Agustina Sarmiento y doña Isabel de Velasco, meninas de la reina, y a algunos servidores de los monarcas. También podemos ver a los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato, a la dama de honor doña Marcela de Ulloa y, tras la puerta, a José Nieto el aposentador. En el espejo se ven reflejados los rostros de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la infanta y testigos de la escena. Velázquez también aportó un extra de originalidad a los retratos de la época al dibujarse a si mismo mientras trabajaba en el cuadro.

Museo del Prado

Les Vessenots en Auvers
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Les Vessenots en Auvers

Este paisaje corresponde a "Les Vessenots", a las afueras de Auvers, un pequeño pueblo situado a treinta y cinco kilómetros al norte de París que había acogido anteriormente a otros artistas como Cézanne o Daubigny y donde además residía el médico encargado del cuidado del pintor. Van Gogh pintó este cuadro durante las últimas semanas de su vida, de ahí los trazos rápidos y agitados, propios de la etapa final del artista. Con una paleta reducida prácticamente al verde y amarillo en diferentes tonalidades, el pintor holandés representa un conjunto de casas sobre un horizonte elevado, cediendo todo el protagonismo a la campiña francesa, con extensos campos de trigo y algún que otro árbol. Fue en uno de estos campos de trigo en el que, atormentado y en medio de una fuerte depresión, Van Gogh se acabaría pegando un tiro el 27 de julio de 1890, muriendo en brazos de su hermano Theo dos días después.

Museo Thyssen-Bornemisza

Las tres Gracias
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Las tres Gracias

Rubens quiso plasmar la belleza y la sensualidad en esta obra que data del 1635. Según la mitología clásica, las tres voluptuosas Gracias, Aglaya, Talia y Eufrósine, fueron el resultado de los escarceos amorosos de Zeus, el rey del Olimpo griego. Las jóvenes representaban valores como la alegría, el amor, la belleza y la fertilidad y pertenecían al séquito de la diosa Afrodita. Algunas hipótesis apuntan a que una de ellas tiene los rasgos de Helena Fourment, una joven con la que el pintor de la escuela flamenca contrajo matrimonio cinco años antes de finalizar el cuadro. La elegancia y realismo de la obra, con detalles tan logrados como el velo transparente que las une, la convierten en una de las pinturas estrellas del Museo del Prado. Sin embargo, antes de pasar a formar arte de la colección de la pinacoteca, las Gracias fueron propiedad personal del artista durante años.

Museo del Prado

Mujer en el baño
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Mujer en el baño

El arte pop supuso, como cada corriente pictórica que nace, una revolución en su época. Lichtenstein fue de sus impulsores a través de obras como la que se muestra aquí, pintada en 1963 utilizando la técnica conocida como benday, en honor a su creador Benjamin Day, que consiste en estampar puntos de diferentes colores muy próximos entre sí para otorgarle esa apariencia de cómic a los cuadros. La figura de la mujer que sonríe mientras toma un baño está delimitada por unas gruesas líneas y toda la obra está pintada recurriendo únicamente a los colores azul, amarillo y rojo. Según algunas hipótesis, el artista neoyorquino se inspiró en un folletín amoroso de la época para pintar este óleo sobre lienzo de 173,3 x 173,3 cm que puede verse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Museo Thyssen-Bornemisza

Los fusilamientos
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Los fusilamientos

A pesar de que durante años se pensó que este cuadro fue pintado en las calles de la capital con un destino público, recientes investigaciones han demostrado que en realidad fue financiado por Fernando VII y realizado en alguna sala de su palacio después de mayo de 1814, cuando el monarca regresó a Madrid tras la Guerra de Independencia. Sea como fuere, este óleo sobre lienzo de Goya muestra la violenta represión del ejército francés en respuesta al levantamiento del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1808, también conocida como ‘La carga de los mamelucos’ y otra de las obras del pintor zaragozano. En la imagen se puede ver cómo soldados franceses ejecutan a varios madrileños en la zona de los cuarteles de Príncipe Pío por rebelarse contra la ocupación de su ciudad. La obra fue trasladada a Valencia en 1937 junto con otras del Museo del Prado para evitar posibles daños durante la Guerra Civil, pero durante el traslado sufrió varios desperfectos que se han ido reparando en las posteriores restauraciones de 1938, 1939, 1941 y 2008.

Museo del Prado

 

 

Habitación de hotel
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Habitación de hotel

Si existió un pintor que sabía retratar a la perfección la soledad de la vida contemporánea, ese fue Edward Hopper. Y este cuadro es una de las mejores muestras de ello. En la pintura, una joven reposa al borde la cama tras haberse quitado el vestido y los zapatos, invitando a imaginar qué es lo que le ha ocurrido a la muchacha, por qué está cansada, qué hace en esa solitaria habitación de un hotel cualquiera. La mujer del artista, Josephine Nivinson, posó para él en el estudio que tenía en Washington Square para esta obra. Las líneas netas, junto con una marcada diagonal y los colores planos, son los rasgos característicos que definen la obra de Hopper.

Museo Thyssen-Bornemisza

Paseo a orillas del mar
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Paseo a orillas del mar

Este retrato familiar es una de las pinturas más representativas del pintor valenciano, uno de los más prolíficos de nuestro país con más de dos mil obras catalogadas. Este cuadro en concreto representa a su mujer Clotilde, con una sombrilla en la mano, y a su hija mayor María dando un paseo por la playa mientras la brisa marina hace ondear sus blancos vestidos. La obra fue pintada en el verano de 1909 tras la vuelta de Sorolla de Estados Unidos, donde expuso su obra en ciudades como Nueva York y Chicago, cosechando un gran éxito. Clasificado como postimpresionista o luminista, el pintor juega con la luz y las sombras que otorgan esos tonos verdes y azulados al mar y resaltan el color blando de los vestidos de las damas.

Museo Sorolla

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