El efecto K. El montador de Stalin

Cine, Drama
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El efecto K. El montador de Stalin

El cine, recordemos, no sería lo que es si no hubieran existido los pioneros rusos, Komarov y Pudovkin, y todos los grandes abanderados de la vanguardia soviética que sentados en las moviolas del Laboratorio de Moscú alimentaron, durante años, el sueño bolchevique. Desde Valencia y en pleno siglo XXI, un hombre, de nombre Valentín Figueres, les rinde homenaje, contando la historia de Maxime Stransky, compañero de fatigas de Eisenstein, alumno de Vertov y espía de Stalin, adoctrinado en la disciplina fabril de Lev Kuleshov. Este último, la K mayúscula del título, es el gran ejemplo de todas las posibilidades del montaje y, por extensión, de la magia del cine. Por eso me sorprende que, fuera del núcleo cinéfilo más duro, sea tan poco popular. Se ganó tal título el día en que colocó la cara inexpresiva de Ivan Mosjoukine ante un plato de sopa e hizo que sus ojos vacíos de intención se convirtieran en los ojos de un hombre hambriento. Es para recordar este tipo de cosas que un filme como éste me parece, aún ahora, tan necesario.

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Detalles del estreno

Duración 130 min.

Reparto y equipo