Historia de mi muerte

Cine, Drama
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Historia de mi muerte

Sobran los epítetos. Más que nada, porque ningún adjetivo le haría justicia. Estamos ante una revolución cinematográfica, de una de esas pocas películas de la historia que te dejan como si te hubieran vaciado una botella de salfumán por la boca del esófago. Podría dedicar líneas y líneas hablando de Eliseu Huertas, conde Drácula de cabello crepado y piel ceniza, la primera versión del mito que desconoce la opulencia y clase de su condición, la primera noticia de un vampiro que ha cambiado la aristocracia por una malicia austera, fría como una espada de acero, que no es un 'bon vivant' ni un seductor, sino un sádico silencioso que espera, sin impacientarse, en la retaguardia como el ave de rapiña que planea en círculos sobre el carnero moribundo hasta que llega el momento justo. Y seguiría sin ni siquiera acercarme.

Y podría glosar este momento justo. ¿Cuál es? ¿Aquel en el que Casanova ya ha sodomizado a suficientes criadas? ¿Aquel en el que no queda ni una sola bota de vino que no haya probado? ¿Aquel en el que ya ha llenado todos los orinales existentes con el resultado de su gula insaciable? ¿Aquel en el que ya ha pronunciado todas las fanfarronadas posibles? ¿Aquel en el que ya no queda más harina para empolvarse la frente, en el que sus amaneradas formas han pasado de moda y ya rozan el ridículo? 'Història de la meva mort' es el terrible relato de la extinción de un pecador altivo, lujurioso en todos sus actos, bajo la capa de la encarnación del mal más adusta que se haya visto nunca.   

No hay duelo posible. No hay lucha ni encarnizamiento ni cuerpo a cuerpo. Drácula es una gangrena que se va escampando desde el primer minuto como la tinta negra del calamar. Casanova, gran Altaió, es la víctima indefensa que va ganando cojera. Y es en esta incalificable tensión –no, no es tensión, no hay violencia, ¿qué es?– donde Albert Serra hace su magistral golpe de dirección. Sutil, escalofriante. El toque de genio que le faltó a la no tan merecidamente celebrada 'El cant dels ocells'. Un terror virgen, y sin ironía ni dobles sentidos. Un terror del que, precisamente por eso, cuesta tomar medidas, pero que está presente, y crece devastándolo todo como una plaga que convierte la cosecha en polvo.

En Locarno se promocionó como una crónica del paso del Siglo de las Luces al Romanticismo, al humor gótico y las tinieblas. Sí, claro, no es ninguna mentira, pero reducir la fuerza de esta obra inmensa a una alegoría de conciencia histórica tienta las líneas de un discurso de manual que le queda como un vestido corto. No es nada que se pueda codificar con palabras. No se puede describir la peste de perfumes y mierda que desprenden las camas con dosel de Casanova, ni las paredes empapeladas de sus habitaciones, no se puede explicar hasta qué punto duelen los golpes de hacha que cortan la carne del buey sacrificado, ni mucho menos se puede llegar a intuir lo que se siente cuando mira de cara a un diablo a quien ya ni por la maldad se le adivina humanidad. No son tantas las películas que han conseguido hacer esto. Y son las que lo ha cambiado todo.

Publicado

Detalles del estreno

Duración 148 min.

Reparto y equipo

Director Albert Serra
Guionista Albert Serra
Reparto Vicenç Altaió
Eliseu Huertas
Lluis Serrat
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