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Impostores de película

¿Queréis saber quiénes son los grandes farsantes de la historia del cine?

Son los de la estirpe de Anna Allen, Sonia Monroy y Francisco Nicolás, un linaje sembrado de suplantadores de identidades, mentirosos compulsivos y virtuosos de la estafa. Algunos tienen más disfraces en el armario que los de la tienda Menkes. A otros no les hace falta nada más que su habilidad para la martingala. Quizá ninguno de ellos se coló en la coronación de Felipe VI, ni se dejó fotografiar haciendo manitas con Ana Botella, ni aparentó haber estado en una gala de los Óscar.

Pero todos tienen unos historiales de quitarse el sombrero. Son nuestros farsantes favoritos. Os los ponemos aquí por si algún director emergente, discípulo de la marca ibérica, quiere ir cogiendo ideas para transformar los fraudes y engaños del nuevo héroe nacional en una película.

'Atrápame si puedes'

'Atrápame si puedes'

Sin duda, quien se lleva la palma es Leonardo Di Caprio. Aquí lo tenéis, con el uniforme de aviación, escoltado por una comparsa de azafatas de vuelo de las de antes, de las que iban con falda tubular, marcando culo sobre un par de tacones vertiginosos. Gran película de Steven Spielberg, sobre un espabilado que un día se encontró la placa identificativa de un piloto de avión y decidió que sería su pasaje hacia una nueva vida. Y se pasó años burlando a las autoridades, haciéndoles cortes de mangas. No me digáis que la historia no es de traca.

'El impostor'

'El impostor'

El fraude de Frédéric Bourdin es todavía más pasado de vueltas. Cuando tenía 23 años se hizo pasar por un niño de San Antonio, Texas, que había desaparecido en 1994. Con toda la cara dura del mundo, un buen día tuvo la osadía de llamar a la puerta de la casa los padres desconsolados y hacer que lo recibieran como un hijo devuelto. La bola coló, algo totalmente inverosímil: el chico a quien suplantaba no debía tener más de 16 años, y no era francés, sino americano. ¿A los padres les faltaba un hervor? La historia es real. Bart Layton se limitó a convertirla en un documental.

'El talento de Mr. Ripley'

'El talento de Mr. Ripley'

Tom Ripley, la gran invención de Patricia Highsmith, es el más famoso de todos los impostores. Primero se cargaba a su mejor amigo y lanzaba el cadáver al mar para no dejar rastro. Después conducía su yate y se ponía sus camisas, todas marcadas con las iniciales del difunto. Aprendía a hacer su firma, extendía cheques y le levantaba el dinero para costearse buenas habitaciones de hotel. Y al final incluso se beneficiaba a su novia. Que yo recuerde, 'El talento de Mr. Ripley' ha tenido dos adaptaciones al cine que valga la pena mencionar. Una con Alain Delon, francesa, que se llama 'A pleno sol'. La otra, la de la foto, donde Matt Damon se paseaba en bañador enseñando unas piernas un poco viscosas, blancas como dos biberones.

'Holy motors'

'Holy motors'

De los del sector disfraces, nos quedamos con Denis Lavant en la 'masterpiece' de Leos Carax, un rodeo alucinante. Iba de un tipo que circulaba por París con limusina y, en cada parada, se convertía en un nuevo personaje. Podíamos encontrarlo haciendo de elfo irlandés en el Père Lachaise –mítico episodio en que le lamía la axila a Eva Mendes–, de terrorista anarco, de amante de Kylie Minogue en un número musical apocalíptico y del padre de una familia de gorilas, residentes en una casa adosada de barrio residencial. ¿Cuál de todas estas vidas era la auténtica? Peor que Mortadelo.

'Zelig'

'Zelig'

Si la historia de Lavant os ha gustado, aquí va otra igual de descabellada. No va de un hombre, sino de un camaleón humanoide. Una comedia de Woody Allen que iba de un hombre pequeñito, de aspecto raquítico, que iba cambiando de personalidad como quien se pone unos calzoncillos nuevos cada mañana. Podías verlo en una portada de periódico liderando la revolución cubana, haciendo de indio apache con trenzas y plumas en una reserva de aborígenes o hablando doctamente del subconsciente con los discípulos del doctor Freud en el círculo de Viena. Sólo había algo que le identificaba: aquellos dos ojos minúsculos de miope.

'El adversario'

'El adversario'

Es la adaptación de un libro de Emmanuel Carrère –ya sabéis, el de 'Limónov'–, que va de un hombre que decía ser un alto cargo de la OMS y que un día, sin más, asesinó a toda su familia a sangre fría y después se intentó suicidar. Entonces se descubrió la impostura: no sólo no trabajaba en la OMS, sino que ni siquiera había terminado la carrera de medicina. Su vida había sido un fraude con el que había embaucado a todo el que lo rodeaba desde el día en que decidió no presentarse a los exámenes finales de primero. Por cierto, la historia es real. Carrère lo conoció cuando ya estaba entre rejas.

'Los Simpson'

'Los Simpson'

Aquí una simpática, la de Seymour Skinner, el director de la Escuela Primaria de Springfield. Recordémoslo: tiene 40 años y es un Norman Bates en potencia que vive con su madre. Para más inri, todavía es virgen. Pero en un capítulo se nos descubría que todo esto era un trola. Su nombre real era Armin Tamzarian, y había sido un pillo de campeonato, chuleta y mujeriego, hasta que lo habían enviado a las trincheras de Vietnam. La experiencia de la guerra lo cambió de pies a cabeza. Tanto, que se quedó con las credenciales de un soldado caído, y se apropió de su vida. Un poco como Bourdin, pero con la piel amarilla.

'Cara a cara'

'Cara a cara'

Pero ninguna impostura no es del todo perfecta si no hay de por medio un quirófano donde poner en práctica todas las ventajas de la cirugía plástica. En este clásico del execrable mundo del thriller noventero –Dios nos pille confesado– Nicolas Cage y John Travolta se intercambiaban la cara para crear confusión general. Uno era un terrorista a las puertas de la muerte. El otro un agente del FBI que tenía que infiltrarse en una red de delincuencia, y pasar desapercibido entre los pinchos más malos del mundo. El problema, cuando tomas una decisión de este tipo, es que no es fácil volver atrás.

'Marnie, la ladrona'

'Marnie, la ladrona'

Aparte de ser la madre de Melanie Griffith, Tippi Hedren pasará a la historia como la última rubia Hitchcock. Sólo hicieron juntos dos películas, aunque ya fue suficiente para destapar algún escándalo sexual. La primera era 'Los pájaros'. La segunda, 'Marnie', que iba de una cleptómana descontrolada que abría cajas fuertes con mucha habilidad. En cada nuevo golpe, adoptaba una nueva identidad. Se cambiaba el color del pelo, renovaba el armario y se inventaba un nuevo estado civil, de soltera a viuda. Tenía una polvera con un compartimiento secreto detrás del espejo donde guardaba un buen montón de permisos de conducir, con nombres y apellidos diferentes.

'Philip Morris ¡te quiero!'

'Philip Morris ¡te quiero!'

Acabamos con Jim Carrey, tumbado en el lecho de muerte, exhalando los últimos suspiros y rindiendo cuentas con un pasado que era de pandereta. Estafas, timos y mascaradas. De ser un poli de Virginia Beach, casado y con hijos, que tocaba el órgano en la iglesia los domingos, a un preso en plena fuga de la cárcel. La cuestión era vivir al límite. Pero sus mentiras tenían un motivo oculto: estaba terriblemente enamorado de Ewan McGregor. Y este es el único hecho auténtico de su historia, la razón esencial de tantas payasadas. Cuánto polvo escondía bajo la alfombra...

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