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Antonio Arias: "Me hicieron 'bullying' para que abandonara 'Omega'"

Entrevista al líder de Lagartija Nick a propósito de los 20 años del álbum con el que, junto a Enrique Morente, unieron para siempre el rock y el flamenco

© Maria Dias
Antonio Arias

Antonio Arias lo explica en el documental sobre 'Omega' (1996): los 'flamencólicos' –como llamaba Enrique Morente a los fundamentalistas de la ortodoxia flamenca– lo querían matar. Y todo por culpa de este disco seminal, el que unió rock y flamenco para siempre en un ritual oficiado por el cantaor y Lagartija Nick, con versos de Lorca y del recientemente desaparecido Leonard Cohen.

Hablamos con el líder de la banda de rock granadina a propósito del 20 aniversario del icónico álbum: una efeméride que se traduce en el estreno del documental sobre su creación; en la publicación de una reedición por primera vez en vinilo y en formato de doble CD + DVD con el disco remasterizado, un CD de extras con canciones inéditas y el documental; y en una gira de homenaje de la banda de Granada con la estirpe Morente llenando el vacío dejado por el cantaor.

'Omega' iba a ser un viaje a ninguna parte o la gloria. ¿Qué fue para ti?
'Omega' tenía mucho yin y mucho yang, mucha gloria y mucho desastre, porque fue un proyecto real. Una de las cosas que aprendí es que en la realidad esto es simultáneo: nos permitió tocar en el extranjero ante miles de personas, aunque aquí siempre hubiera el mismo runrún. Son proyectos vivos, que tienen un impacto sobre la gente y hubo una entrega de verdad. Tiene una historia que hay que contar, con risa y llanto, alegría y tristeza.

Es el disco que te ha hecho pasar a la historia y el disco que puso en riesgo tu carrera.
Fue una victoria pírrica, se pierden muchas naves y tampoco se gana tanto. Es un gran Saturno que nos devora, pero mejor ser devorado. Cuando un maestro te reclama lo tienes que dejar todo, porque no hay tantos. Lo perdí todo, pero ahora tengo mucho más.

¿Qué aporta 'Omega' a la música?
A mí me ha influenciado mucho la frase de Falla que el flamenco tiene que inspirarse en la naturaleza. Pero el sonido de la naturaleza en los años 20 no tiene nada que ver con el nuestro. Es mucho más caótica y ruidosa. En el disco Enrique es la voz de la sangre, de la tradición que se resiste a ser imantada por las otras músicas que tanto la necesitan. Con este disco aportamos música en el planeta Tierra, por el genio del Enrique pero también por la envoltura del álbum, la sonoridad, la complejidad simple. Yo veía la trascendencia del proyecto, y no podíamos llegar solos, ni Enrique ni nosotros.

¿La presencia de los 'famencólicos', como los llamaba Morente, planeó sobre la creación del álbum? Tú particularmente recibiste mucha agresividad.
En Granada estábamos muy concentrados en nosotros mismos y teníamos libertad para seguir profundizando. Es cuando llevamos el disco a Madrid, donde queremos grabar algunos de los artistas, cuando notamos la presión. Yo no noté ninguna beligerancia por parte de las figuras del flamenco que participan en el disco. Pero sí de la gente que venía con ellos, de su séquito, que tenía mucha curiosidad por ver qué estábamos haciendo. Pero la agresividad siempre era silenciosa. Los fundamentalistas y ortodoxos actuaban 'soto voce', pensando que esto sería más efectivo. Era una beligerancia con poco volumen pero gran tensión.

A Enrique le dijeron que le estabais engañando.
Me acuerdo perfectamente de aquel día, no tuve tiempo ni de calentar la silla. Le decían que la guitarra se acoplaba y que aquello estaba mal. Yo me lo tomé con sentido del humor, lo que no quiere decir que no me afectara. Pero esto da igual cuando estás convencido de lo que estás haciendo. Ahora, la pregunta es si lo hice porque estaba convencido o por llevar la contraria. Y la respuesta es ambas cosas.

¿Crees que Enrique Morente pensaba que te bajarías del tren, como hizo vuestro batería, Eric Jiménez, que dejó Lagartija Nick y entró en Los Planetas?
Es que hemos hablado de la presión de los 'flamencólicos', que se propusieron detener el proyecto. Pero mi mundo me hacía 'bullying': "A este no le hable, que se ha vuelto loco y se ha ido con unos gitanos". Y a Eric todo el mundo le hacía palmas porque se había ido con Los Planetas. Cuando se marcha él, mi oficina de management me deja y se queda con Los Planetas, a los que había entrado yo, y también me deja la discográfica. Era una manera de forzarme a que abandonara aquel camino, quitármelo todo. Así que como yo ya era flamenco, me fui con los flamencos, con el Cigala, con Enrique y Paco de Lucía... Fino Oyonarte, bajista de Los Enemigos, que es muy amigo mío, fue de gran ayuda. No me hace muy feliz que ahora haya gente que tenga muchos más recursos, pero tampoco tengo rencor por lo que pasó.

¿Qué te pareció que después Los Planetas miraran también hacia el flamenco a partir de 'La leyenda del espacio' (2007)?
No podían evitar lo inevitable. Eric cuando se va con ellos está infectado. Y J demuestra mucha inteligencia. No puede continuar con el 'bullying', no puede ignorar la llamada de la creación musical. No podemos estar todo el día imitando a otros. Y J lo hace muy bien: lo simplifica y a la gente le entra súper bien. Ellos lo hacen más de diez años después, no se dan prisa. Pero generan otra ola de 'Omega'. Y era natural que Morente trabajara con ellos o con Sonic Youth, grupos que ven que a pesar del paso del tiempo el proyecto se mantiene vigente y se animan a hacer lo mismo.

Hicisteis conciertos multitudinarios en los que el público era más el vuestro que el de Morente.
Porque el proyecto se manifestaba de una manera mucho más cercana a nuestro mundo que al del flamenco. El disco se publica y apenas sale en las revistas. Pero se empiezan a vender ejemplares. Y nosotros nos preguntamos dónde está esta gente, queremos que se manifieste. Y empiezan a salir los festivales. En ambientes más especializados hay más autocensura, pero es en ambientes de más libertad y de celebración como los festivales donde se expresa la grandeza del disco. Porque si estamos todo el tiempo pidiendo perdón a nuestro mundo y Enrique al suyo, llega un momento en que se te ha olvidado por qué te disculpas.

¿Qué aportabais Lagartija Nick a Enrique Morente?
Lagartija Nick en ese disco representa la modernidad de la ciudad, de las sociedades que cambian de forma, y que intenta arrastrar a una tradición a la que le cuesta desprenderse de su raíz, pero que a la vez es absorbida por la llamada de la modernidad. Enrique entra en la modernidad y la vanguardia, pero esa llamada más antigua continúa anclándose en él, y vuelve atrás. Es una experiencia de intercomunicación, de querer ser el otro. El intercambio personal era más fácil que el intercambio musical: él se vestía más roquero, nosotros más flamencos...

En el documental dices que "el flamenco es una habitación con puertas que sólo se abren desde dentro". ¿Continúan abiertas para ti?
El flamenco era una habitación sin puertas a la cual se tenía que entrar por otras vías. A nosotros nos invitan Enrique y las otras figuras del disco, como Tomatito, Vicente Amigo, Isidro Sanlúcar... Lo que se consigue es hacer más habitaciones para que entre más gente, y ya no se ponen puertas sino cortinas de esas que se ponen en los marcos. El flamenco también son canciones, y no hay porqué hacerlo con todos los melismas. Queríamos adaptar e intentar popularizar el repertorio de Morente, que para mí fue uno de los mejores compositores de flamenco. Este era el objetivo de Los Evangelistas [el grupo que comparte con miembros de Los Planetas], pero también el de 'Omega'.

Morente creía que el flamenco es una música popular y que no puede ser sólo para minorías.
Esto mismo. Nuestra visión del flamenco ha cambiado tanto que incluso ha cambiado la que teníamos de los singles que más odiábamos los 70. Pueden ser kitsch, pero los sientes como propios. Quizás la gente más que escuchar la canción tenía prejuicios por la portada. Es uno de los aprendizajes más valiosos que me llevo de aquellos 15 años de estudio con Enrique. Él siempre miraba el futuro. Y esto también se ve en algunas de las versiones alternativas que saldrán a la luz con la reedición del disco. El disco podría salir ahora y todavía tendría un sonido muy interesante.

Dice Estrella Morente en el documental que hoy le diría a su padre que no lo publicara aún, que era demasiado moderno. ¡Y el disco tiene veinte años! ¿El tiempo juega a su favor?
Una de las cosas que más nos sorprendió es que cada año que pasaba a la gente le gustaba más. Me gusta la visión que con el paso del tiempo cada día se vuelve más contemporáneo. Salió con muy poca promoción. Sólo lo apoyaron M80 y Cadena Dial. Ni Radio 3 se atrevió. La promo que pudimos hacer era con los directos.

Volviendo a la película, es un documental muy ortodoxo sobre un álbum que no lo es en absoluto.
Hay tanto material que todavía estoy enamorado de todo lo que se ha encontrado. Tanto en la película como en el disco de extras hay una intención secuencial de explicar el proyecto. Nosotros siempre vamos un poco por delante y no nos acabamos de explicar bien. El documental tiene esta ventaja: a costa de ser menos 'underground' aporta un conocimiento. Hemos estado siete años trabajando.

También estáis de gira con Estrella, Soleá y Kiki, hijos de Morente, para celebrar los veinte años del álbum recreándolo en vivo.
Sólo con Estrella ya hubiese sido suficiente, así que imagínate. Lo hicimos ya una vez hará cosa de un año en un concierto solidario, y la experiencia fue muy buena. Enrique no está, pero estarán sus hijos. Y quizás también Aurora [Carbonell, viuda de Morente]. Todos estuvieron muy presentes en los conciertos de 'Omega', en diferentes etapas. Enrique en directo era muy improvisador, y con sus hijos también tenemos esto: basta con mirarnos.

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