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Viaje a las entrañas del metro de Madrid

11 curiosidades que probablemente desconocías sobre el suburbano de la capital

Los millones de habitantes de Madrid y de sus alrededores lo conocen de sobra. Han esperado en sus andenes, han caminado por sus pasillos y han viajado en sus trenes para recorrer, de norte a sur y de este a oeste, todos los puntos de la capital. Pero el metro de Madrid es mucho más que sus 294 kilómetros y 301 estaciones, pues esconde bajo tierra museos, ruinas arqueológicas, paradas fantasma y un sinfín de anécdotas y curiosidades que lo convierten en uno de los suburbanos más especiales del mundo. Bienvenidos a un viaje en metro de lo más peculiar...

Los ojos cerrados del rey
©Metro de Madrid
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Los ojos cerrados del rey

Si hay una fecha en la que el metro (abreviatura de Ferrocarril Metropolitano de Madrid) sopla velas para celebrar su cumpleaños es el 17 de octubre. En ese día de 1919, y después de tres años de obras, quedó oficialmente inaugurado, con una anécdota curiosa que ha quedado para la historia. Aquella jornada tan especial para la capital contó con la presencia del entonces rey Alfonso XIII, quien tuvo la mala fortuna de salir con los párpados cerrados en la foto oficial del evento. Para resolverlo, se optó por pintarle los ojos en la imagen con el Photoshop de la época... con un resultado no del todo afortunado.

El primer tramo del metro
©Metro de Madrid
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El primer tramo del metro

El tramo entre Sol y Cuatro Caminos (que actualmente recorre la línea 1) fue el primero en funcionamiento de Metro de Madrid. Ese recorrido de 3,48 kilómetros, que se hacía en unos diez minutos, tenía las mismas estaciones que en la actualidad, aunque algunas con nombres distintos, mientras que otra quedó con el tiempo clausurada. Las ocho estaciones eran Puerta del Sol (actual Sol), Red de San Luís (Gran Vía), Hospicio (Tribunal), Glorieta de Bilbao (Bilbao), Chamberí (la conocida tras su cierre en los años 60 como estación fantasma), Martínez Campos (Iglesia), Ríos Rosas y Cuatro Caminos.

Sexismo en el metro
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Sexismo en el metro

Aunque a día de hoy nos pueda parecer inconcebible, durante sus primeros años de actividad la atención de las taquillas estaba reservada exclusivamente a trabajadores de un único género. En sintonía con la mentalidad que existía en aquel tiempo, se estableció como norma contratar como personal de taquilla solo a mujeres solteras, ya que se consideraba impensable que una casada pudiera desempeñar ese trabajo a tiempo completo y ocuparse además de cuidar de su casa y su familia, tal y como se esperaba en la sociedad de entonces. Eran otros tiempos…

¿Por qué va por la izquierda?
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¿Por qué va por la izquierda?

Todos nos lo hemos planteado en alguna ocasión. A diferencia del resto de medios de transporte, el suburbano circula por el lado izquierdo. Pero… ¿a qué se debe? El motivo lo encontramos en la época de su inauguración, el año 1919, periodo en el que los vehículos transitaban por la izquierda. Sin embargo, cinco años más tarde, en 1924, cambiaría el sentido de la circulación para todos los medios de transporte, tanto públicos como privados, excepto para el metro, que por cuestiones económicas y prácticas mantendría el sentido de su marcha original, tal y como lo conocemos ahora.   

Las líneas y estaciones más...
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Las líneas y estaciones más...

La red metropolitana madrileña integra un amplio compendio de líneas y estaciones de muy diversa índole. Encontramos líneas de gran longitud, como la 12, con cerca de 41 kilómetros, que contrastan con otras muy cortas, como el ramal entre Ópera y Príncipe Pío, de apenas un kilómetro. Probablemente entre las estaciones menos queridas por los usuarios se sitúen la de Cuatro Caminos, que nos obliga a descender el equivalente a un edificio de 20 plantas para utilizar la línea 6, o las de Diego de León o Acacias, dos laberintos y una auténtica pesadilla para todos aquellos que diariamente deben hacer transbordo en ellas.

El secreto de Alto del Arenal
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El secreto de Alto del Arenal

Quizá por su nombre o por su ubicación no lo parezca, pero esta estación de la línea 1 es más importante de lo que muchos piensan por el gran secreto que guarda en su interior. En ella se encuentra el Gran Hermano del metro madrileño: el puesto de control que desde el año 2000 vigila toda la red del suburbano. Es una pena, pero este centro de mando no puede ser visitado por los viajeros, quienes se pueden conformar con disfrutar de un antiguo vagón de tren de los años 20 que se encuentra en el vestíbulo de la estación. En total recorrió unos seis millones de kilómetros. Casi nada...

El Museo de los Caños del Peral
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El Museo de los Caños del Peral

El metro madrileño nos brinda también distintos espacios históricos que merece la pena pararse a conocer entre carrera y carrera. Uno de los más destacados lo encontramos en la céntrica estación de Ópera, que atesora el mayor museo arqueológico bajo tierra de Madrid, aglutinando los restos arqueológicos de la Fuente de los Caños del Peral, del Acueducto de Amaniel y de la Alcantarilla del Arenal. Un espacio de 200 metros cuadrados, que integra también una sala de audiovisuales, donde adentrarse en la vida madrileña de los siglos XVI y XVII a través de estas construcciones que suministraban agua a los madrileños de la época. La visita es gratuita.

El yacimiento arqueológico de Carpetana
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El yacimiento arqueológico de Carpetana

Entre las grandes sorpresas que esconde el metro madrileño, pocos conocen que en su estación de Carpetana (línea 6) se encontró en los años 2008 y 2009, durante unas obras para la instalación de unos ascensores, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes en Madrid. Fueron hallados hasta 15.000 restos de hace más de 14 millones de años, entre ellos fósiles de pequeños caballos primitivos, mastodontes, tortugas gigantes o de un peculiar animal carroñero con una morfología intermedia entre un oso y un perro. Tras este descubrimiento, se levantó en la estación de Carpetana un minimuseo formado por varios espacios en los que se recrean cómo era el mundo vegetal y animal del Madrid del Mioceno, hace millones y millones de años. La estrella es una reconstrucción casi a tamaño real de un mastodonte. También hay 45 metros de pasillos con una historia de cómic que une el Metro actual con la fauna del pasado.

Los grabados de Goya
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Los grabados de Goya

El Museo del Prado tiene una peculiar versión suburbana en la estación de Goya (líneas 2 y 4). Concretamente, en los andenes de la línea 2 hay unos murales que bien merecen una ojeada: en uno de ellos se cuenta parte de la vida y obra del genial pintor español, mientras que en el otro se puede disfrutar de una copia de la Pradera de San Isidro, una de las obras más conocidas del artista. Ya en los andenes de la línea 4, se puede encontrar un buen número de copias de grabados pertenecientes a las series El Capricho y Tauromaquia. Toda una lección de pintura para que no se hagan aburridas las esperas en esta estación.

Dos estaciones fantasma
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Dos estaciones fantasma

Los usuarios de la línea 1 están más que acostumbrados a atravesar la estación de Chamberí, conocida popularmente como la estación fantasma del metro madrileño. Ubicada entre las paradas de Bilbao e Iglesia, formaba parte del trazado original de la línea 1 de metro hasta que, en 1966, la imposibilidad de adecuarla a las nuevas dimensiones de los trenes obligó a su cierre. En 2008, las instalaciones, que mantienen los carteles y la decoración original de la primera mitad del pasado siglo, se reabrieron gratuitamente al público como parte del proyecto Andén 0, el Centro de Interpretación de Metro de Madrid. Pero el suburbano madrileño integra también una segunda estación fantasma, la de Arroyo del Fresno. La parada, que forma parte de la línea 7, fue construida en 1999 pero nunca ha llegado a abrirse al público y permanece actualmente en estado de abandono a la espera de poder ser utilizada.

La Nave de Motores del Pacífico
©JJ González López
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La Nave de Motores del Pacífico

Con el objetivo de resolver las posibles insuficiencias de suministro eléctrico servicio, la red de metro inauguraba en 1925 la Nave de Motores de Pacífico, una central que permitía generar y transformar la energía con la que funcionaban los trenes gracias a tres motores diésel procedentes de Alemania. La central, que en su momento fue la de mayor potencia de todo el país, jugó un papel vital durante la Guerra Civil, periodo en que llegó a suministrar energía eléctrica a Madrid para cubrir las restricciones de la época. Con el tiempo, las instalaciones fueron quedándose obsoletas hasta su clausura definitiva en 1972. Hoy pueden visitarse gratuitamente como parte de la iniciativa Andén 0.

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