A vueltas con la vida

Teatro
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A vueltas con la vida

Autores: Juan Luis Iborra y Antonio Albert. Director: Juan Luis Iborra. Intérpretes: Beatriz Carvajal, Jerónimo Maesso (pianista).

Todavía no ha comenzado la obra propiamente dicha, aunque han bajado las luces de sala y el pianista ha comenzado a aporrear las teclas. Beatriz Carvajal aparece por un vértice del escenario, entre el público… y ya hay algunas espectadoras que se están riendo. Asombroso. Es lo que tiene llevar lo de “actriz cómica” sellado a fuego en el ADN, en el DNI y hasta en el carnet de conducir, sobre todo si eres de una generación que ha disfrutado con aquellos personajes que hicieron célebre a la Carvajal en la televisión de los 80 y la sigue ahora en las ‘sit com’ patrias.

Desde muy pronto se ve claro que esta obra la van a disfrutar, sobre todo, las mujeres que están entre los 50 y los 60 que, dicho sea de paso, es el target que muy probablemente mantiene el teatro en esta ciudad. Sirva también esta obra y esta crítica para homenajear a todas esas mujeres que ya no cuentan para los creativos publicitarios, porque existen y caminan hacia la tercera edad con todas sus alegrías y sus penas a cuestas, siempre dispuestas para convertirse en la mejor abuela del mundo. Ellas empatizarán como nadie con esta Mari Carmen que dibuja la Carvajal, esta mujer humilde, asistenta en diversos hogares, que repasa en escena una vida que va de la oscuridad de los malos tratos hasta la luz de la salvación por la cultura.

Mari Carmen trabaja limpiando en casa de una pareja gay que tiene dos mil y pico libros, según ella, muy desordenados. En su descacharrante propósito de ordenar “aquello” descubre un libro sobre la vida de Marilyn Monroe que le cambia la vida. También trabaja en la mansión de una rica mexicana, que le acaba poniendo en contacto con Chavela Vargas a través de otro libro y de sus canciones. Y más tarde descubre los poemas de Santa Teresa y la biografía de Cleopatra. Son estas cuatro mujeres, con las que habla (en un recurso un tanto forzado, pero que le permite, sobre todo en el caso de Chavela, dar rienda suelta a su pericia imitadora, cantando incluso ‘Luz de luna’ con el consiguiente aplauso y vitoreo del respetable), las que le enseñan que otra forma de vivir es posible, le ayudan a entender lo importante que es decir no, decir basta. Basta a una vida desgraciada desde la misma noche de bodas, en la que recibió el primer bofetón.

Toda la cuestión de los malos tratos y su cariz dramático, aunque podría ser el detonante, no se adueña en ningún momento de la historia. Una historia contada a veces con timming de monólogo del club de la comedia, buscando un golpe chistoso que no siempre hace falta. En definitiva, un buen trabajo de Beatriz Carvajal, muy directo, muy dialogado con el público como para vencer el miedo al soliloquio. Da la impresión de que la actriz podría alcanzar cotas de emoción y la obra podría dejar una impresión más profunda si no se hubieran preocupado tanto de no caer en lo dramático, haciendo prevalecer lo cómico. 

Al final es la ternura lo que se acaba derramando por toda la sala, haciendo que todos acojamos con cariño a esta mujer que descubre lo fascinante y grande que era el mundo que le habían vetado, que nos enseña que la ignorancia nunca es buena consejera y que demuestra que nunca es tarde para rehacer la vida y conquistar la felicidad, porque el amor de tu vida quizás estuvo siempre a un palmo de tus narices.

Por Álvaro Vicente

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