Banqueros vs. Zombis

Teatro
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Banqueros vs. Zombis
©Connie G. Santos

Idea y dirección: Pilar G. Almansa y Dolores Garayalde. Dramaturgia: Pilar G. Almansa, Dolores Garayalde e Ignacio García May. Intérpretes: Dolores Garayalde, Roberto Correcher y Alberto Basas.

Pasará el tiempo y se hablará de este montaje, no por sus valores teatrales (que tiene los habituales), sino por ser pionero en la utilización de una herramienta digital de participación como Appgree, con la que el público interviene en el devenir de los hechos que se suceden en el escenario del Teatro Galileo. Probablemente no veas la misma obra si asistes dos veces seguidas al combate que plantea el título, el de los banqueros contra los zombis. Y, además, por una vez no oirás eso de “por favor, apaguen sus teléfonos móviles y las alarmas de sus relojes”. No, aquí hay que tener el móvil encendido y en la mano todo el rato (el wifi lo pone el teatro). Esto ya de por sí hace atractivo un montaje que, además, nace con la intención de servir para reflexionar sobre qué es, de dónde viene y a dónde va la crisis económica mundial en la que nos han metido a todos.

Como espectáculo, es una propuesta compleja y ambiciosa apoyada en un profuso aparato audiovisual. La parodia lo preside todo. Es una suerte de antiutopía humorística muy seria que presenta un mundo futuro nada deseable en el que dos lumbreras de origen hindú han encontrado la fórmula perfecta para que los países que acumulan deuda puedan pagar a sus acreedores con la fuerza del trabajo de sus habitantes. Un biólogo y un economista que, unidos sus ingenios, se han inventado un suero zombificador a través del cual la mano de obra se abarata al máximo, tanto que los trabajadores inoculados con el suero pasan a ser muertos vivientes con necesidad biológica cero, dispuestos para trabajar hasta la podredumbre de sus cuerpos. Es como si la Troika del futuro se hubiera quitado de encima a Syriza y convirtiera en zombis a todos los griegos para pagar la deuda del país heleno, por traer a colación un ejemplo muy de actualidad.

Todo esto es lo que sucede “fuera”, es la información que obtenemos a través de los vídeos proyectados (en los que actores como Carlos Hipólito, Pepe Viyuela o Silvia Marsó hacen interesantes cameos). “Dentro” (o sea, en el teatro) los espectadores son banqueros, inversores, brokers y gente de esa calaña invitada al Foro Mediterráneo para la Zombificación y las Finanzas. Todo se altera cuando llegan noticias de la salida a bolsa de la deuda zombi asiática (un guiño a la conquista económica mundial que están protagonizando hoy en día los chinos). A partir de ahí, se irán sucediendo los acontecimientos hasta entender que los muertos vivientes quizás no sean esos bichos obedientes sin hambre de venganza.

La obra plantea todo un universo de ciencia-ficción que, en realidad, no tiene fin y que podría dar lugar a una serie acojonante, pero para eso suponemos que la producción debería “sufrir” una inyección de dinero, pues por ahora es más bien modesta. Sólo 3 actores en escena para contar, quizás, demasiadas cosas, y con desigual fortuna en su ejecución de los personajes. De mejor a peor, muy bien Roberto Correcher, bien Alberto Basas, regular Dolores Garayalde. La obra tiene buen ritmo y, desde luego, no aburre, aunque conviene saber que la pasividad no es una opción aquí. Si entras es para estar bien dispuesto a participar, a invertir tu tiempo y tu dinero (real el de la entrada, ficticio el que te asignan durante la función) en una obra de teatro que, como bien dice su subtítulo, es un juego, el juego de los mercados. La gamificación ha llegado al teatro; quizás siempre estuvo ahí…

Por Álvaro Vicente

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