La Ola

Teatro
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La Ola

Texto: Ignacio García May. Idea y dirección: Marc Montserrat Drukker. A partir del experimento de Ron Jones. Intérpretes: Xavi Mira, Javier Ballesteros, David Carrillo, Jimmy Castro, Carolina Herrera, Ignacio Jiménez, Helena Lanza y Alba Ribas.

¿Sabes eso que pasa cuando te sientas en un patio de butacas y desde el minuto uno fijas tu mirada en el escenario y no apartas ni tus ojos ni tu atención en las 2 horas que dura el espectáculo? Pues eso es exactamente lo que ocurre en 'La Ola'. Y encima sin que seas muy consciente. Hay algo en el ritmo de esta función tan bien hilado que te atrapa de una manera muy sutil. No es que estés asistiendo a un experimento en el que miras desde arriba cómo se mueve un grupo de cobayas metidas en una urna traslúcida, no… es que casi eres parte del experimento.

Recuerdo cuando hablé con el director del montaje, Marc Montserrat, y me dijo que su intención era conseguir que el espectador se sintiera como un alumno más de la clase de historia del profesor Jones y viviera el experimento desde dentro. Pues sí, está muy cerca de conseguirlo y estoy seguro de que más de uno hubiéramos hecho el saludo de la Tercera Ola cuadrándonos y gritando “poder de la disciplina, poder de la comunidad, poder de la acción”.

Ahí radica la virtud de esta obra teatral y ahí aflora la peligrosidad viscosa de lo que cuenta. Cuando el profesor Ron Jones le planteó a sus alumnos este juego de rol para entender cómo funciona el fascismo desde dentro, lo hacía consciente de que estaban en un instituto de clase media de la California hippie y contestataria de los años 60, a priori el lugar y el contexto menos propicio para que prendiera la llama del totalitarismo. Y la enseñanza que nos dejaba entonces y que nos deja ahora gracias a este extraordinario montaje es que las dinámicas fascistas pueden instalarse de la forma más impredecible e imperceptible en cualquier momento y cualquier lugar. Y son las épocas críticas, en las que la comunidad se está replanteando cuestiones importantes del ser humano en sociedad, cuando más peligroso resulta este proceder. Los años 30 del siglo XX eran sin duda un momento clave, como nos demostró la Historia. 2015, con esta vieja Europa carcomida por el neoliberalismo, tampoco le va a la zaga.

Y hablando más concretamente de lo que sucede en el escenario del Valle-Inclán (que dicho sea de paso, se ha comido parte del patio de butacas para integrar al público en la acción de una manera muy inteligente como se comprueba al final de la función), hay que citar a todos y cada uno de los actores porque todos, sin excepción, hacen un trabajo portentoso. Javier Ballesteros está genial en su papel antagonista; David Carrillo y Carolina Herrera, con sus personajes más caricaturizados, arrancan las risas y conectan con el público, convirtiéndose en seres entrañables pese a su maleabilidad; Jimmy Castro es un puntal en la obra y en la historia (los posters de Malcom X y James Brown que cuelgan en las paredes y su presencia en la historia son la proyección de una lucha, la de los negros en Estados Unidos, que todavía libra sus duras batallas); Ignacio Jiménez y Helena Lanza aportan colores puros a la paleta para terminar de confeccionar un cuadro en el que Alba Ribas sobresale también en su viaje de alumna modélica a víctima angustiada de ese raro sistema que ha creado el profesor Jones (Xavi Mira está sencillamente estupendo) de la noche a la mañana, sin que apenas se hayan dado cuenta.

Quizás el secreto de una obra tan buena esté en la cocción a fuego lento. No en vano, Marc Montserrat, con la ayuda posterior en la labor dramatúrgica de Ignacio García May, lleva más de siete años trabajando en este proyecto. No hay lugar a la improvisación. Ni falta ni sobra nada. Un gustazo, en definitiva, y una llamada de atención para no bajar la guardia, porque el fantasma del fascismo es como ese monstruo de las pelis de terror, al que nunca podemos dar por muerto definitivamente.

Por Álvaro Vicente

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