Muñeca de porcelana

Teatro
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Muñeca de porcelana
©Sergio Parra

Autor: David Mamet. Director: Juan Carlos Rubio. Intérpretes: José Sacristán y Javier Godino.

Ignoro si en Estados Unidos existe ese mismo refrán tan gráfico o uno parecido, ese que dice: a cada cerdo le llega su San Martín. Es un buen resumen de este texto incisivo con el que David Mamet parece recuperar un poco el pulso dramatúrgico perdido en los últimos tiempos. España es el segundo país a nivel mundial que ve montada esta obra, después de que en Broadway la haya protagonizado Al Pacino. No duró mucho en cartel allí y al mítico actor de Hollywood le llovieron las malas críticas. Claro que uno, después de conocer la historia, se pregunta si esa inquina no respondería a alguna treta oscura por eliminar cuanto antes una obra como esta de los escenarios.

Porque la obra mete el dedo en la llaga del poder y en toda su podredumbre. No es ninguna metáfora, es claro y directo. La relación entre el empresario y el político está llena de favores y contrafavores, y casi nunca se respeta la ley, o se moldea a favor de unos objetivos concretos. La venganza se sirve fría. Un magnate a punto de “jubilarse”, deseoso de pasar sus últimos años junto a su joven amante, se ve enredado de pronto en una serie de acontecimientos que escapan a su control y que amenazan su idílica retirada. Quizás parece que es un gobernante honesto el que pone en su sitio al empresario corrupto que parecía dominar el mundo por teléfono, desde la atalaya de su despacho/castillo, pero la obra deja abierta la posibilidad de dudar sobre todo y sobre todos.

La historia tiene muchas capas y Juan Carlos Rubio la sirve con la templanza suficiente como para intuirlas y reflexionarlas. En lo interpretativo es un auténtico recital de José Sacristán, bien secundado por un sorprendente Javier Godino (sorprendente el actor y sorprendente el personaje). Sacristán atraviesa diferentes estados de ánimo, una panoplia de emociones que van dibujando un ser por momentos odioso, por momentos digno de lástima, tierno y paternal o furioso, sarcástico, estratega, maestro, amante, desconfiado, inteligente, meticuloso, abatido, eufórico. Un arco impresionante, como el que describe un avión entre Toronto y Londres.

Por Álvaro Vicente

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