El ciudadano ilustre

Cine, Comedia
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El ciudadano ilustre

Daniel Mantovani es un premio nobel de literatura argentino que vive en Barcelona desde hace décadas. Sus novelas son un crudo retrato de la vida en su pueblo.

Daniel Mantovani no es Bob Dylan, pero se acerca. Es de esos escritores a los que les gustaría no estar ni aquí ni allí. Su discurso de aceptación del Nobel, que abre 'El ciudadano ilustre', llega al corazón: la literatura es una feria de vanidades. Pero quizás Mantovani se esconde detrás de su espíritu antiinstitucional para ocultar su inseguridad ante el peso de la fama. Sólo cuando los orígenes le llaman, este Bartleby de medio pelo dice sí: vuelve a su pueblo natal, que está también en el núcleo de su obra, para recibir los honores de todo aquello que abandonó cuando tenía veinte años.
 
Lo más atractivo de la propuesta de Mariano Cohn y Gaston Duprat, admirablemente escrita, no es hacer una sátira condescendiente de la Argentina profunda sino enfrentar a su antihéroe con su sentimiento de superioridad moral sin dejar de tener una mirada irónica y punzante de su entorno. Y hacerlo desde un humor incómodo, abrazado a una comedia de costumbres coral que haría las delicias de un Berlanga, para, poco a poco, convertirse en un inquietante, casi com lo haría Polanski, 'thriller' metaficcional.
 
O una especie de 'Jo, qué noche' de la Pampa, que sustituye el virtuosismo de Scorsese por un culto a la fealdad, a la vez entrañable y terrorífica, los hoteles de pueblo, de los concursos de pintura locales, de la violenta corrupción de todo a cien, que hace despertar a Mantovani (excelente Óscar Martínez, que controla a la perfección la prepotencia del personaje para no hacerlo antipático) de su sueño de escritor maldito. ¿Qué aprende? Mejor ganar un Nobel que volver a casa por Navidad.
 

Por Sergi Sánchez

Publicado

Detalles del estreno

Duración 118 min.

Reparto y equipo

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