El emperador de París

Cine, Acción y aventura
3 de 5 estrellas
El emperador de París

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3 de 5 estrellas

París, a principios del siglo XIX, era como el Chicago de la ley seca. Esta es la historia de Vidocq, un personaje legendario

Uno de los personajes más populares de la cultura francesa posrevolucionaria, Eugène-François Vidocq, llegó a ser director de la Sûreté Nationale tras haber sido delincuente, confidente y detective. El cine ha llevado su vida a la pantalla en diferentes ocasiones –la última: 'Vidocq' (2001), con Gérard Depardieu– y ahora es la hora de Jean-François Richet, que vuelve a la industria de su país tras 'Blood father' (2016), su experiencia hollywoodiense con Mel Gibson. No se trata de un dato insustancial: 'El emperador de París' está concebida más como una película policíaca y de aventuras que como una indagación histórica o un biopic. Richet observa a su protagonista cuando está a punto de dar el paso desde el mundo del hampa al de la legalidad. El ambiente que describe, así como las peripecias que enumera, incluyen un retrato de los bajos fondos del París napoleónico muy próximo a algunos de los films de Scorsese sobre Nueva York, por ejemplo. Pero la operación no funciona del todo porque falta algo: ese momento de cambio social exigía una mirada más perspicaz, más incisiva, también más crítica, que mostrara cómo puede nacer un nuevo Estado a partir de la violencia y la corrupción (sin necesidad de renunciar ni al género ni a puñetazos).

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