La caída del imperio americano

Cine
4 de 5 estrellas
La caída del imperio americano

Time Out dice

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El canadiense Denys Arcand cierra la trilogía que empezó en los 80. El protagonista es un Robin Hood contemporáneo que filosofa citando a Wittgenstein y Epicuro

El fin que comparten 'El declive del imperio americano' (1986), 'Las invasiones bárbaras' (2003) y 'La caída del imperio americano' es analizar, respectivamente, los tres ejes –sexo, muerte y dinero– que mueven la avena en la sociedad del bienestar de los últimos 30 años.

En el capítulo que cierra la trilogía, el más autónomo, nos encontramos al Denys Arcand más político, recuperando el espíritu juvenil de quien consiguió que el National Film Board canadiense le prohibiera durante seis años un documental sobre el sector textil, 'On est au coton'. Por mucho que al protagonista, un mensajero filósofo, le guste quejarse de que su inteligencia será un antídoto para convertirlo en hombre de éxito, obligándole a dejar de lado sus emociones, Arcand lo acaba dibujando como un santo contemporáneo, una reencarnación de aquel 'Jesús de Montreal' (1989) que tantas satisfacciones le llevó en el Festival de Cannes.

Pierre-Paul no tarda en elegir aliados más improbables –un ex convicto y una escort de lujo– para recolocar un montón de dinero que le ha caído del cielo, cosa que Arcand aprovecha para criticar la inoperancia del Estado, la corrupción de los bancos y las desigualdades sociales durante una crisis económica que parece no tener fin. Le falla la trama criminal, tal vez no nos descubre nada que no veamos en los telediarios, pero los personajes filosofan con encanto, sin dejar de hacernos sentir latir el corazón por su bondad.

Por Sergi Sánchez

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