Hablar por hablar

Teatro, Drama
4 de 5 estrellas
Hablar por hablar

Texto: Alfredo Sanzol, Ana R. Costa, Juan Cavestany, Yolanda G. Serrano y Juan Carlos Rubio. Dirección: Fernando Sánchez-Cabezudo. Intérpretes: Ángeles Martín, Antonio Gil, Pepa Zaragoza, Carolina Yuste y Samuel Viyuela.

Hace 28 años que echó a andar el programa radiofónico del desahogo por excelencia, el modelo de radio nocturna que como ningún otro ha sabido crear un lazo íntimo y profundo con sus oyentes, casi feligreses. A Gemma Nierga, la creadora del espacio, le sucedieron en el micro Fina Rodríguez, Mara Torres y Cristina Lasvignes. A partir de algunas de las miles de historias que pasaron y pasan por el programa, cinco de nuestros mejores autores han dramatizado un puñado de episodios que están sabiamente hilvanados por Fernando Sánchez-Cabezudo en este espectáculo que va mucho más allá del llamado radio-teatro. No es teatro hecho en la radio, sino radio que se materializa en el teatro. 

Si Sánchez-Cabezudo se había licenciado en el arte de llevar relatos de gente corriente al teatro con sus 'Historias de Usera', con estas historias de madrugada de 'Hablar por hablar' directamente se doctora gracias a la sutileza, el buen ritmo y la inteligencia escénica con las que va engarzando retazos de vidas anónimas. Y si Fernando me permite un pero, le diría que están demasiado subrayados los momentos emotivos, cosa que le quita capacidad al espectador y le predispone, con un efecto sonoro o con una marca a los actores, para reír o llorar. La comicidad de ciertos momentos está a veces estirada y el asomo de lágrima o directamente la llantina, anticipados un tanto excesivamente. No siempre, insisto.

Y, además, no es eso lo más importante de este montaje. El dispositivo escénico consigue desde el primer minuto la intimidad con el espectador, que a oscuras en el patio de butacas enseguida conecta con la locutora y no pierde comba de lo que ocurre en torno a esa especie de unidad móvil que es la escenografía, con su inequívoco sabor radiofónico. Es muy fácil conectar con los personajes y escuchar sus vivencias, por disparatadas que a veces parezcan, porque son reconocibles y la identificación es inmediata. El compendio de relatos conforma un fresco que dibuja una España de niños, jóvenes, adultos y ancianos, de gente triste y gente feliz, de amigos y amantes, de madres, padres y hermanos, de problemas económicos y emocionales, de vértigos, esperanzas y sueños por cumplir. 

Las tres actrices de la función se alternan en el papel de locutora. Cada una le da un toque distinto y personal. Tanto ellas, Ángeles Martín, Pepa Zaragoza y Carolina Yuste, como los dos actores, Antonio Gil y Samuel Viyuela, tienen una característica común que hace de cada una de sus interpretaciones un festival de ingenio, talento y solvencia sobre el escenario: la versatilidad. Los cinco rayan la perfección sin tener que asumir un solo rol en profundidad, pero me quedo con el caleidoscópico Antonio Gil, que directamente hace un recital que va y vuelve del drama a la comedia con una facilidad y una prestancia que desarman. En definitiva, los que tuvieron la idea la han llevado a cabo con éxito y a la SER le ha caído el mejor spot que nunca podría haber soñado. 

 

Por Álvaro Vicente

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