In memoriam. La quinta del biberón

Teatro, Drama
5 de 5 estrellas
In memoriam. La quinta del biberón

Dramaturgia y dirección: Lluís Pasqual. Intérpretes: Joan Amargós, Enric Auquer, Quim Àvila, Eduardo Lloveras, Lluís Marqués y Joan Solé.

Montaje imprescindible. Por muchas razones. Primero por su sentido de homenaje a toda una generación perdida en la Guerra Civil Española, homenaje que puede extenderse a todas las víctimas inocentes de las barbaries que es capaz de perpetrar el ser humano. Da igual en qué bando luches, da igual a quién defiendas o de quién huyas: la guerra es la peor de las situaciones, la guerra lleva al extremo, en su brutalidad, todos los sentimientos, todas las emociones.

Cuando una idea se radicaliza hasta ese punto, se alcanzan las peores cotas de irracionalidad. Por eso está bien que se muestre en un teatro, con toda su crudeza, aquella vivencia de la llamada Quinta del biberón (30.000 jóvenes reclutados con apenas 17 años para luchar en la Batalla del Ebro en 1938, en la que perecieron unos 27.000). No es cómodo presenciarlo desde la butaca, desde luego, es lógico que haya quien se rebele por el exceso de emotividad, quien desconecte por no poder soportar tanta infamia, pero ésta es nuestra Historia y conviene no olvidarla.

De todas formas, antes que destacar las incomodidades que puede acarrear un montaje como este, prefiero subrayar que la forma teatral elegida lo convierte finalmente en una propuesta llena de luz y esperanza, y de justicia, justicia histórica y justicia poética. No es fácil hacer teatro bélico. De hecho, no se hace. No es como en el cine, que hay un género específico. Aunque esto no es solo teatro bélico; es teatro documento, teatro político, es una obra creada a partir de los testimonios de un puñado de supervivientes que, ya nonagenarios, compartieron sus recuerdos con Lluís Pasqual. La maestría del director catalán ha convertido aquellas palabras en un impresionante espectáculo que alquimiza el dolor hasta la belleza.

Todo partió de una historia propia del director, que supo que un tío suyo había formado parte de la Quinta del biberón. Su tío no volvió, pero en la casa familiar se guardaba su petate, con unas espardeñas hechas polvo y unas partituras de canciones de guerra de Monteverdi. Y son precisamente esas canciones, interpretadas en directo por un grupo de cuatro músicos, las que hacen de contrapunto a las historias de los seis soldados. Son el terciopelo que cubre la sangre reseca.

Este montaje lleva, además, el sello de la Kompanyia Lliure, un grupo de jóvenes actores que está disfrutando de un proceso de profesionalización auspiciado por el Teatre Lliure de Barcelona. Los seis actores que conforman el elenco de ‘In memoriam’ hacen un trabajo, sencillamente, sobrecogedor. Hacen suyas las historias de cada uno de los soldados que interpretan y, tanto en lo cómico (que lo hay también, y mucho) como en lo dramático, están excepcionales. La vivencia personal que debe haber supuesto enfrentar este montaje, por lo teatral y por lo humano, está impresa en sus lágrimas y en sus sonrisas. Pueden estar satisfechos, porque nos hacen reír y nos hacen sufrir gozosamente y todo aplauso es poco. Precioso homenaje. Lo dicho al principio: imprescindible.

Por Álvaro Vicente

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