Las brujas de Salem

Teatro
3 de 5 estrellas
Las brujas de Salem
©David Ruano

Autor: Arthur Miller. Dirección: Andrés Lima. Adaptación: Eduardo Mendoza. Intérpretes: José Hervás, Lluís Homar, Núria González i Llausí, Anna Moliner, Nora Navas, Albert Prat y más.

‘Las brujas de Salem’ es un clásico contemporáneo indiscutible cuya talla literaria y dramática gana quilates a medida que pasan las décadas desde su estreno en 1953. Es una obra tan bien escrita que no es difícil enfrentarla a cualquier suceso de la actualidad más inmediata para subrayar su vigencia. Sin ir más lejos, justo en la semana que se estrenaba este montaje en Madrid, conocíamos la absurda sentencia del Tribunal Supremo que condenaba a César Strawberry a un año de cárcel por unos tuits, mientras otra gente anónima vierte salvajadas inmundas a la red de los 140 caracteres y no pasa nada. La doble moral. La doble vara de medir. El puritanismo aliado con el poder. El delirio. De todo eso va ‘Las brujas de Salem’, de las cazas de brujas, las de antes, las de ahora, las de siempre.

La puesta en escena de Andrés Lima tira de oficio. La experiencia del que fuera director de los grandes éxitos de la compañía Animalario está al servicio de un montaje limpio que se centra en la esencia de lo que ocurrió en aquella pequeña localidad norteamericana a finales del siglo XVII, cuando Estados Unidos solo era un concepto futuro muy lejano. En sus últimos trabajos, Lima había volcado gran parte de su esfuerzo en una idea de espectáculo que dejaba en segundo plano el trabajo actoral. Aquí todo está mucho más equilibrado: la obra está acompañada de un maravilloso aparato plástico (luz, música, escenografía…) pero los conflictos humanos están en el centro.

Otra cosa es que el nivel actoral esté en todos los casos a la misma altura. Brillan, como no podía ser de otra forma, Lluis Homar y Nora Navas, él como el vicegobernador Danforth, máxima autoridad del pueblo, mostrando una querencia por las sentencias de Dios inquebrantable; ella como Elisabeth Proctor, cincelada con sutileza en gesto, voz y apostura, convincente en cualquier situación. Correcto Borja Espinosa como John Proctor, protagonista al fin y al cabo por ser la gran víctima, pero llevado –el actor- por una angustia que se le desborda en griterío que empaña las palabras y los significados. Sorprendente para bien Anna Moliner como Mary Warren y para mal Nausicaa Bonnín, que parece sonar en una canción distinta al resto.

Con todo, el montaje está bien, son casi tres horas que no aburren, pero tampoco sobrecogen como debería una obra así. Y luego está la propuesta de dirección, suponemos, de sacar a Lluis Homar de su personaje para hablarle al público con sentencias más o menos ingeniosas o frases del propio Arthur Miller (que nunca sobran). Se intenta con ellos conectar con el hecho que propició la escritura de esta obra, la tristemente célebre Comisión de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy con la que se intentó purgar de comunistas y simpatizantes la sociedad estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esto lo sabemos los aficionados al teatro y no nos hace falta que nos lo expliquen. Y si han querido explicarlo para los que no lo saben, lo han hecho mal, porque no está bien explicado, se quedan a medias y más que ayudar, al que no sabe de que hablan lo despistan. Está bien pensar en el público, pero hay que currárselo un poco más. Y eso que tener a Lluis Homar en proscenio, hablando con esa cadencia, esa voz, esa presencia de enorme actor, es un auténtico gustazo.

Por Álvaro Vicente

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