Amar, beber y cantar

Cine, Drama
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Amar, beber y cantar

Que esta sea la última película que dirigió Alain Resnais no significa que se trate de un testamento cinematográfico. De hecho, Resnais hizo sus trabajos más 'testamentarios' al principio de su carrera. Quiero decir, films como 'Hiroshima mon amour' (1959) o' El año Pasado en Marienbad' (1960), poblados por muertos vivientes que ni siquiera eran capaces de recordar su propia historia. Paradójicamente, a medida que avanza, la filmografía de Resnais parece más ligera, próxima a la tradición del vodevil francés. Pero esto no es más que un espejismo.

Llega un momento en la trayectoria de Resnais en que las piezas escénicas de Alan Ayckbourn se convierten en una especie de fetiche. Allí encuentra lo que siempre ha buscado en su obra: una ligereza aparente que nos lleve hacia reflexiones abismales, una especie de juego entre el teatro y la vida que termine haciendo preguntas sobre la ficción, sobre la vida representada, sobre cómo mirar las grandes cuestiones de la existencia sin parecer pedante o pretencioso.

Esto es, una vez más, 'Amar, beber y cantar'. Sus personajes son comediantes, gente del teatro que prepara una obra, como si estuviéramos en una película de Jacques Rivette. Pero nunca vemos el escenario. Son los vínculos cotidianos de los personajes la materia principal del film. Lejos del realismo, Resnais filma todo esto como una especie de cómic colorista, con una elegancia figurativa y gestual casi abstracta. El resultado es un pequeño mosaico vibrante y a la vez melancólico, una reflexión sobre las relaciones humanas que no quiere dar lecciones de nada, pero se pregunta. ¿Y si únicamente nos podemos relacionar desde detrás de nuestras máscaras?

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Detalles del estreno

Duración 108 min.

Reparto y equipo