La gran belleza

Cine, Drama
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La gran belleza

Sorrentino es un incorregible. Hace dos años, cuando todavía le estaba perdonando aquel soporífero horror de película en la que Sean Penn se vestía de Robert Smith, con el pelo como una cagada de sepia – ‘This must be the place’ se llamaba la criatura- , me decidí a leer 'Todos tienen razón ', una novela suya sobre un cantante melódico, un tal Tony Pagoda, que llevaba tantos gramos de coca en el bolsillo como de oro al cuello. El libro no era gran cosa, pero mostraba un Sorrentino en estado puro, maestro del artefacto festivo, un Fellini estilizado y mucho más drogado que el original, perdido en eternas orgías de pechos tatuados como la piel de un reptil, donde siempre hay un viejo cirrótico que tiene por toda aspiración en la vida sobar el culo excelso de alguna esnob pasada de opiáceos que tenga suficiente con escuchar el nombre de Proust para abortar resistencias.
El anfitrión, esta vez, es Jep Gambardella, un Guido Anselmi de 65 años, escritor, con una sola novela publicada que fue suficiente para ganar el dinero que dilapida, noche tras noche, entre lo más vomitivo y pretencioso de la sociedad romana. En los altavoces, una extraña mezcla de los clásicos de Raffaella Carra. De día se dedica a lo que más le gusta: compartir platos de arroz caldoso con una enana con peluca, siempre vestida de satén azul, soltar unas cuantas ‘boutadas’ sobre Flaubert y, sobre todo, profesar su debilidad por los estamentos vaticanos. Las piernas de las novicias, las faldas de los cardenales y los ronquidos nocturnos de una beata centenaria y penitente decidida a subir de rodillas la escalinata de San Pedro con la ayuda del único diente que aún no le ha fallado.
Esta es la tendencia general de Sorrentino. Las acciones que emprendió contra Giulio Andreotti y su escabroso expediente de derecha católica en 'Il Divo' se repiten ahora hacia los sórdidos rituales de la Italia adinerada, donde todo el mundo tiene bolsos de Prada y servicio suramericano, y donde nadie da un palo al agua. Amén, claro, de aquella maloliente reivindicación benéfica típica de la aristocracia piadosa que Sorrentino deja a la altura del betún. No se salva ni uno. Ni las feministas de reality, tontísimas, ni el sector más frívolo de un gremio cultural que no hace más que ir de inauguraciones premiadas con copita de Moët. Ni los que aprovechan que tienen pasta para hacerse los transgresores. Atención a la performer new age, la que lleva el bello púbico teñido con la bandera soviética. Es el circo del incorregible Sorrentino. Sean bienvenidos.

Publicado

Detalles del estreno

Duración 142 min.

Reparto y equipo

Director Paolo Sorrentino
Guionista Paolo Sorrentino
Reparto Serena Grandi
Vernon Dobtcheff
Sabrina Ferilli
Toni Servillo
Carlo Verdone
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