La cordillera

Cine, Drama
4 de 5 estrellas
La cordillera

Time Out dice

4 de 5 estrellas

Blanco, interpretado por Ricardo Darín, es el presidente de Argentina y los países de la zona festejan su voto. Un retorcido estudio sobre el Mal y el poder.

La política es el arte de decir o hacer algo que significa lo contrario. Es lógico, pues, que 'La cordillera' parezca un thriller paranoico de altos vuelos comercial (o el capítulo piloto de una versión gauchesca de 'House of cards') y acabe siendo un retorcido, perturbador estudio sobre el Mal que nos abandona en el medio de un final abierto. Parece lineal, casi clásica, pero está llena de rincones oscuros, de misterios sin resolver, de una ominosa sombra sobrenatural que es la del poder desplegando sus alas prehistóricas.

Blanco, este presidente de Argentina inventado que Ricardo Darín interpreta con siniestra elegancia, es un demiurgo que se esconde tras la apariencia de un títere en el gran escenario de una cumbre de mandatarios latinoamericanos que quieren unir fuerzas para negociar al alza el precio del petróleo. Si Santiago Mitre se limitara a mostrarnos las estrategias de manipulación y la retórica perversa de la política a gran escala, estaría haciendo una versión ampliada en el campo de batalla de su magnífica ópera prima, 'El estudiante', que vio la luz en 2011. Pero como la excelente 'El escritor', de Roman Polanski, aquí importa más la atmósfera de amenaza y las derivas enigmáticas del relato –con mención especial a una sesión de hipnosis que nos pilla por sorpresa– que la denuncia contra los políticos de turno.

Por Sergi Sánchez

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