Pequeñas mentiras para estar juntos

Cine, Comedia
4 de 5 estrellas
Pequeñas mentiras para estar juntos

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Guillaume Canet vuele a reunir a los amigos de 'Pequeñas mentiras sin importancia' para enseñarnos cómo les ha tratado la vida

Ocho años después de 'Pequeñas mentiras sin importancia', Guillaume Canet vuelve a reunir a sus personajes en la misma casa de madera frente al mar, para enseñarnos cómo les ha tratado la vida. Suenan ecos de 'Las invasiones bárbaras', de Denis Arcand, con matices otoñales que nos traen cierta amargura bergmaniana. Entre una película y la otra hay una elipsis que pesa sobre la historia de cada uno de ellos. En la primera escena vemos a François Cluzet recogiendo con un rastrillo las hojas secas que se acumulan en el porche y en el jardín, como rastros de una fiesta que acabó hace mucho tiempo. Los niños han crecido y se han convertido en adolescentes. Los adultos han perdido sus ilusiones de juventud entre el humo de unos cigarrillos incombustibles y el vino de unas noches que ya no serán nunca igual de eufóricas. Nadie habla de ese amigo que murió, pero su rostro sigue estando en todas las fotos, como un fantasma innombrable que los vigila a todos. Tierna, melodramática, a la vez que cargada de un homor ácido que actúa como espejo despiadado de un tiempo inexorable.

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