Entre tanta discusión sobre identidad nacional, fronteras y pertenencia, aparece 'Era una vez un bosque', una obra de teatro documental que prefiere hablar desde la biografía concreta.
Tres intérpretes procedentes de distintos territorios de Chile ponen en escena relatos personales que conectan origen, migración y memoria. El hallazgo conceptual está en relacionar esas vidas con árboles nativos: raíces humanas y raíces botánicas como espejo mutuo.
Puede sonar delicado, incluso peligroso si se tratara con exceso de poesía. Pero por lo que revela su dossier, la pieza trabaja desde materiales reales, testimonios y archivos. Eso le da peso. Y permite pensar el bosque no como decorado romántico, sino como territorio arrasado, memoria viva, lugar perdido.
En una ciudad como Madrid, hecha de llegadas constantes, esta función puede tocar fibras muy distintas. Quien migró reconocerá algo. Quien no, quizá también. Todos venimos de algún sitio, aunque a veces lo olvidemos.
